23.9.11

¿Está Dios en medio de nosotros o no?

25 de septiembre 2011
Domingo 26º de Tiempo Ordinario (Propio 21). Año A.

Conducidos al desierto sin agua ni esperanza, el pueblo de Dios se pregunta: “¿Está Dios en medio de nosotros o no?”. Dios contesta con un enfático “¡Sí!” -acompañado de historias comunitarias de la liberación, provisión y lealtad de Dios.


“¿Está Dios en medio de nosotros o no?”. Esta pregunta provocativa se entrelaza con las lecturas de hoy. En Éxodo 17:1-7 nos encontramos con una escena familiar. Los israelitas comienzan a alborotarse y a quejarse de que Moisés los conduce a la muerte. Ellos le preguntan: “¿Por qué nos has sacado de Egipto para matarnos de sed a nosotros, y a nuestros hijos y ganados?”. Por su parte, Moisés aparece frustrado por su impaciencia. Sin embargo, Dios provee milagrosamente agua de una roca.

Más significativo que la provisión de agua son los medios a través de los cuales Dios provee. La misma vara usada para quitarle el agua potable a los enemigos de Dios en Egipto (ver Éxodo 7:17), ahora provee de agua para el pueblo de la alianza de Dios (versos 5-6). Teniendo a los ancianos por testigos, la comunidad se avergüenza de su falta de memoria. Así como Dios tiene el poder de privar de agua para beber, también tiene poder para proveer de ella.

El agua y su potencial para sostener y destruir la vida, es una tema importante en el Éxodo. Desde el rescate del río del pequeño Moisés, a la travesía del Mar Rojo de los israelitas y a la sed de agua de los israelitas en este capítulo, la imaginería del agua está presente a través del relato. ¿Cómo saben que Dios está entre ellos? Porque Dios sigue utilizando elementos como el agua, que puede dar o quitar vida, como herramienta para acciones dadoras de vida, de camino a la Tierra Prometida.
Señala algunos acontecimientos en la vida de tu comunidad que tuvieron el potencial de ser devastadores, pero que al final fueron de ayuda e incluso alentadores.
La comunidad LGBT, en muchos aspectos, puede vincularse con la pregunta de si Dios está o no entre nosotros. Las experiencias de exilio, la falta de cuidado y de esperanza son comunes entre las personas socialmente degradadas. ¿Por qué será que cuando damos el primer paso hacia la libertad y la autorrealización, como es salir del armario, formar sistemas familiares estables y cultivar relaciones saludables, todavía nos encontramos en peligro? Éxodo 17:1 nos recuerda que el contexto inmediato donde se encuentran los israelitas no es aún la Tierra Prometida. Se trata solo de una etapa del camino -una parada en medio del trayecto- para que se lleven a cabo plenamente, lo que el Salmo 78:4 llama las obras gloriosas de Dios, y su poder y maravillas. Debemos ser especialmente cuidadosos, sin embargo, de no confundir las metas volantes de la ruta con la conclusión de nuestro camino de fe y de nuestra lucha.
¿Cuáles son algunos de los aspectos que dan vida o quitan vida en la situación de tu comunidad particular?
El Salmo 78:1-4; 12-16 es un salmo histórico instructivo. Recuerda a los lectores que los israelitas son el pueblo de Dios no solo de palabra. Son el pueblo de Dios, porque pueden hacer memoria de una historia del cuidado fiel, de la bondad, la provisión y la protección de Dios, a través de su itinerario desde el exilio a la promesa. De forma similar, la comunidad LGBT y otros grupos históricamente marginados somos parte de un camino -una lucha- en el que, con seguridad, muchos de nosotros no nos habríamos alistado voluntariamente. Sin embargo, tenemos una oportunidad de ejercitar tanto una memoria colectiva y fiel de nuestras pasadas experiencias con Dios y entre nosotros, como de expresar nuestra esperanza futura en la presencia y la acción de Dios.
¿De qué manera tu comunidad comparte y honra sus historias de lucha y esperanza?
El Salmo 25:1-9, por consiguiente, se plantea como un desafío para la desconfianza y la falta de memoria de los israelitas en Éxodo 17. En vez de orar a Dios para que nos ayude en nuestra angustia e incredulidad, y como un intento desesperado por sobrevivir, el salmista eleva una petición de ayuda a Dios a través de expresiones de confianza en su bondad. "Desde antiguo" (verso 6) Dios ha sido misericordioso y cariñoso- La respuesta adecuada a la pregunta de si Dios está en medio de nosotros o no, es un enfático "Sí", acompañado de relatos comunitarios de la liberación, la provisión y la lealtad de Dios. Las oraciones confiadas de petición de ayuda, guía y fortaleza, deberían basarse en nuestra historia cristiana de fe, que encontramos tanto en las historias de la Biblia, como en las historias de nuestras comunidades de fe contemporáneas. Somos un pueblo en medio del cual Dios está. ¿Cómo lo sabemos? Porque nuestras historias, nuestros fieles antecesores así nos lo dicen.
Cuando Jesús enseña en Mateo 21:23-32, su autoridad para hacerlo se ve desafiada por los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo. Puesto que la autoridad es la capacidad para influir en el comportamiento de los demás, la renuncia de Jesús a dar ninguna prueba adicional de la legitimidad de su autoridad, parece estar basada en el hecho de que, como Juan el Bautista, él ya tenía la credibilidad del pueblo. Cada vez que las personas LGBT de fe, trabajamos dentro o fuera de la estructura del poder establecido de la iglesia, encontramos que nuestra autoridad para hacerlo se ve desafiada. Astutos oponentes intentarán siempre socavar nuestro trabajo, negando su validez "del cielo" y diciendo: "No sabemos". Jesús nos recuerda en la parábola que son aquellos quienes hacen la voluntad de Dios, incluso a regañadientes (posiblemente por las malas experiencias del pasado), quienes entrarán en el Reino de Dios.
Oración inclusiva
Dios paciente, en nuestros momentos de aflicción nos preguntamos por tu presencia. Mientras que otros puede que continúen cuestionando nuestro compromiso contigo, como también tu compromiso con nosotros, nútrenos con tu presencia sustentadora de vida. Ayúdanos a unirnos al antiguo grito del salmista: que Tú estás aquí. Amén.


18.9.11

Elegir vivir, elegir vivir justamente

18 de septiembre de 2011
Domingo 25 de Tiempo Ordinario (Propio 20). Año A.

¿Cuál es el desafío de vivir auténticamente? ¿Cómo debería la bondad de Dios para con nosotros influir en cómo perdonamos y actuamos en el mundo?


Es un pensamiento perturbador, pero ¿has pensado alguna vez en el suicidio? Algunas personas lo hacen en un cierto momento de sus vidas. Para muchos es la consecuencia del combate contra una enfermedad terminal (o incluso terriblemente debilitante). Como una vez comentó alguien que padecía SIDA: "Cuando te dicen que vas a morir y la única cuestión es si va a ser más temprano o más tarde, ¿cuál es entonces el propósito de la vida?". Para otros los pensamientos suicidas son consecuencia de una compleja mezcla de depresión, soledad y con frecuencia enfermedad mental. Sin embargo, para otro grupo el suicidio parece ser una opción para aliviar justamente el sufrimiento de ser uno mismo. Las estadísticas varían, pero el informe de 1993 de los Centros para el Control de Enfermedades, sostuvo que los adolescentes LGBT tenían cuatro veces más probabilidad de un intento de suicidio que sus homólogos heterosexuales.

Muchos expertos bíblicos creen que en Filipenses 1:21-30 Pablo está luchando con esta idea. Él cuenta a sus lectores: "Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia" (verso 21). Y continúa: "Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros" (versos 23-24). ¿Por qué el apóstol habría de albergar, tan siquiera, tal idea?

No era una idea tan rara en el mundo de los tiempos de Pablo, especialmente si la muerte estaba conectada a una noble causa. En este caso, la muerte era generalmente considerada por los demás como un ejemplo de martirio. Probablemente, el suicidio más famoso del mundo antiguo fue el de Sócrates. Acusado de irreverencia por la tradición religiosa oficial y de corromper a los jóvenes desafiándolos a pensar de un modo distinto, el filósofo griego fue condenado a acabar con su propia vida por un jurado de 501 ciudadanos atenienses. Por su parte, Sócrates consideró preferible morir que vivir sin autenticidad.

Ser LGBT en compañía confusa, o aún peor, desconocida, es difícil. La amenaza de la violencia y la alienación se avecina ampliamente en tales situaciones. Aunque muchas personas LGBT valientes afrontan el desafío cara a cara, para otros es una tarea mucho más difícil, especialmente en la iglesia. Aunque cada vez se nos abren más espacios en el trabajo, la escuela y otros ámbitos sociales, aun es necesario hacer un duro trabajo. Los individuos en la comunidad LGBT, muy especialmente los de color, con frecuencia se debaten entre asumir públicamente, en una acción auténtica y valiente, sus identidades; o evitar, en un acto igualmente comprensible, ponerse en evidencia ellos mismos en situaciones donde podrían enfrentarse a respuestas homófobas.

¿Qué historias conoces de personas que sufren por no ser plenamente ellos mismos?

Algo de alguna manera similar sucede en este pasaje de Pablo. Encarcelado por predicar el Evangelio de Cristo, criticado por otros en la iglesia, y sufriendo físicamente en el proceso, uno puede entender cómo incluso el más afamado apóstol podría considerar los beneficios de "estar con Cristo". La autenticidad de Pablo como apóstol y como ser humano está en cuestión. Como dijimos, muchos en la comunidad LGBT comprenden demasiado bien la lucha del apóstol. Vivir con autenticidad, ser quien tú eres sin avergonzarte ni pedir perdón, es una bendición y una carga al mismo tiempo.

Lo vemos también en los comentarios del apóstol. Aunque habría abandonado con gusto la imponente responsabilidad de ser un apóstol, también se da cuenta de que su contribución va bastante más allá de su propio bienestar. Entonces exhorta a sus lectores a que tomen la misma actitud. "Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo", dice el apóstol (verso 27). El verbo griego usado aquí está de alguna forma oscurecido por la traducción. Politeuesthe indica a los lectores han de vivir sus vidas como ciudadanos "como es digno del evangelio de Cristo". Vivir la fe no es nunca un asunto privado. Es eminentemente público. Ser quienes somos implica de alguna forma exponernos públicamente.

Sin embargo, Pablo dice, "Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él, teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís que hay en mí" (versos 29-30). Aunque deberíamos evitar animar a las personas al sufrimiento, especialmente a quienes forman parte de una comunidad que ha conocido demasiado bien la persecución, las palabras del apóstol nos ofrecen una alternativa a la cantinela de la sociedad, que nos dice que sufrimos porque algo está equivocado en nosotros. En vez de verlo negativamente como "sufrimiento", veámoslo como una oportunidad impresionante.

Recientemente, Michael Joseph Brown mantuvo una conversación con un músico en un campamento juvenil. Después de averiguar que había asistido a una bien conocida escuela de humanidades, con un soberbio departamento de música, Michael le preguntó: "¿Qué te hizo decidirte a ir a esa escuela?". Esperando que el exalumno citase la reputación del departamento, avalada por evaluadores como US News, o algún otro criterio similar para tomar una decisión tan importante, el joven le dijo: "Me emocioné tanto cuando oí a John Timble (no es su nombre real) cantar en una grabación hecha por el coro del colegio que, sencillamente, quería ser como él". Lo decimos con mucha frecuencia, pero no es menos cierto. No tenemos idea de sobre quién influimos. John Timble nunca conoció a este joven hombre, pero a través de su don tuvo una profunda influencia sobre su vida.

Resumiendo, cuando Pablo comparte su propio diálogo interno con la iglesia de Filipos, sobre su visión de la vida y de la muerte, concluye que "quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros" (verso 24). Pablo era bastante consciente de que su vida servía de inspiración y modelo para quienes, como él, se sentían presionados a no vivir con autenticidad sus vidas. Si alguna vez has pensado en el suicidio, y sin embargo aún estás leyendo esto, hay algo que te ha convencido de que "quedar en la carne es más necesario..." incluso aunque no podrías decir por qué.

Podemos encontrarnos en nuestro momento más bajo, sin embargo nuestras vidas son valiosas para alguien más. No solo no somos conscientes de cómo nuestras vidas personales influyen a quienes no conocemos; si nos afincamos en la idea de que nuestras vidas ya no son valiosas, negamos a otros la influencia positiva de nuestro verdadero ser en el mundo. Comprender esto no tiene que ser una carga. Vivir una vida digna del Evangelio de Cristo no tiene que ver con la perfección. Tiene que ver con sacar lo mejor de todo aquello a lo que Dios nos ha llamado a ser. Cada día es diferente -unos mejores, otros peores-, pero cada día trae consigo la oportunidad de inspirar incluso del modo más insignificante.

¿Nos llama Dios a ser superhéroes? ¿Nos pide Dios que logremos aquello casi imposible? ¿O acaso Dios nos llama a ser exactamente quienes somos, permitiendo que lo que somos sea usado por Dios para grandes y pequeñas cosas?

Si Pablo está debatiéndose con una razón, para continuar la a veces ardua tarea de ser discípulo, la parábola de Mateo 20:1-16 aborda la cuestión de la recompensa. Los trabajadores en la parábola, jornaleros, estaban entre las personas más pobres en el mundo antiguo. La historia comienza con un propietario que contra a un  grupo de jornaleros para trabajar en su viña por la paga diaria habitual (verso 2). Después contrata a cuatro grupos más de trabajadores, sin acordar ninguna paga en particular. Al final del día, el propietario paga a todos los trabajadores la misma cantidad, la paga diaria habitual. Mateo 20:10 dice: "Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario". Ellos se quejaron. Esa acción violaba su sentido de justicia. Por supuesto, quienes habían trabajado más duro deberían obtener mayor paga. Esto es simplemente aplicar el sentido común.

Sin embargo, el propietario les recuerda que ellos han recibido exactamente lo acordado -la paga diaria acostumbrada (verso 13). El problema no es realmente la paga, sino la generosidad del propietario. El pregunta: "¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?" (verso 15). Francamente, están envidiosos. Aunque han acordado trabajar por el salario habitual de un día, una vez que ven que otros, que no habían trabajado tanto o tan duro como ellos lo habían hecho, también lo reciben, la paga de repente les parece insuficiente. De una forma demasiado humana, los trabajadores quieren imponer su propio criterio de distribución equitativa al propietario.

Por supuesto, podríamos hacer una fácil identificación de las personas LGBT con quienes comienzan a trabajar más tarde. En muchos aspectos, esto es comprensible. La lucha por los derechos civiles por las personas de color y las mujeres tiene sus raíces en los comienzos de la historia de los Estados Unidos. Históricamente, nuestra lucha LGBT fue iniciada formalmente mucho más tarde. Deberíamos ser sensibles a las quejas de los afroamericanos, así como de otros, quienes sienten que su labor ha asfaltado el camino para nosotros, sin recibir una mayor paga por sus esfuerzos. Las personas LGBT no están tratando de usurpar el duro trabajo de las mujeres o las personas de color. En lugar de hacer de esto un concurso para ver quién ha trabajado más, nosotros sostenemos que compartimos la lucha contra el heterosexismo con su patriarcalismo, prejuicio racial, marginación social y exclusión. En verdad, si no hubiera sido por las sufragistas (más tarde feministas) y los movimientos por los derechos civiles, la oportunidad para un movimiento entre las personas LGBT podría no haber tenido lugar nunca.

Al mismo tiempo, dentro de la comunidad LGBT, la tendencia corrosiva puede salir a la luz para jugar el papel de los primeros jornaleros también. Cuando el movimiento crece se hace más inclusivo, algunos dentro de nuestras filas pueden pensar que ellos también merecen mayor paga -sea de reconocimiento, derechos, elogios o estatus- que quienes se han unido a nuestras filas recientemente. No importa lo abiertos que creamos que somos, nuestra humana medida de lo que es justo se aplica usualmente en primer lugar a nuestra propia causa, y después a ellos (quienes quiera que sean). Esta parábola es tan potente porque desafía la lógica humana y replantea la noción de lo que es justo. Nos recuerda que no podemos crear a Dios a nuestra imagen, ni podemos ser jueces de la generosidad de Dios. Nos recuerda que el trabajo por la inclusión no es una cuestión de quién ha trabajado más, porque todos recibimos la recompensa -paga y recompensa son la misma palabra en griego- por la que somos co-trabajadores.

¿Cómo podemos promover los distintos movimientos por la justicia social como parte de un único movimiento de Dios?

Puesto que que la parábola es sobre los trabajos por el "reino de los cielos", la historia destaca cómo los seres humanos intentan hacer de la inclusión en la comunidad su decisión, más que la decisión de Dios. El propietario no busca agraviar al primer grupo de trabajadores. Ningún trabajador en esta parábola recibe menos de lo que necesita. Antes bien, el propietario quiere cuidar de quienes no tienen la oportunidad de ganar la paga entera del día. Desafortunadamente, la parábola destaca nuestra incapacidad, a veces, para ver más allá de nuestros propios intereses personales.

Cualquier acción de inclusión va a contrariar a quienes consideren que se merecen más. El ejemplo más famoso en USA puede ser en intento fallido de Affirmative Action. La parábola de esta semana, distintiva del evangelio de Mateo, destaca la idea de que Dios actúa de una manera radicalmente generosa e inclusiva. La iglesia, la comunidad de Dios, debe ser un lugar donde esta generosidad e inclusión se viven de verdad.

¿Cómo nos desafía la inclusión, incluso cuando proclamamos que es lo que deseamos de verdad?

Oración inclusiva

Sorprendente, generoso y buen Dios,
no importan los problemas, no importan las pruebas,
manténnos junto a ti.
Ayúdanos a elegirte.
Tú nos das aliento, esperanza y vida.
Haznos agradecidos y generosos.
Haznos partícipes de tu obra
de compasión, inclusión y justicia.
Amén.

11.9.11

Recuerda, una vez fuiste oprimido

11  de septiembre de 2011.
Domingo 24º de Tiempo Ordinario (Propio 19). Año A.

Todo el pueblo de Dios está llamado a desafiar el statu quo de opresión -incluso si esto significa revisar nuestros propios modos de opresión en el mundo.


Los pasajes de la Biblia de hoy nos recuerdan el poder de Dios y sus promesas. Éxodo 14:19-31es la historia de la travesía del Mar Rojo (literalmente "el mar de los juncos"). Aunque toda la historia del Éxodo es una historia fundacional de la identidad de Israel, se podría decir que la travesía milagrosa del mar es su momento central. Tanto si la travesía fue tan dramática como en la película Los Diez Mandamientos de Cecil B. DeMille, como si fue algo menos cinematográfico, el acontecimiento muestra el poder de Dios, pero más importante aún, la promesa de Dios de actuar en favor de los oprimidos.

En el pasaje, vemos a los oprimidos levantarse hacia la liberación. Aquí, los hebreos son continuamente ayudados por un Dios que "va en pos" de ellos (Éxodo 14:19). Uno puede solo imaginar la arrogancia que acompañaba al intento de los egipcios por mantener a los hebreos "esclavizados" en su sociedad. Sin embargo, deberíamos tener cuidado para no identificarnos de manera fácil y potencialmente engañosa con los hebreos, haciendo de su historia nuestra historia. Verdaderamente, incluso en nuestro estado de marginación como personas homosexuales, tenemos más en común con los egipcios que con los hebreos. En un mundo dividido entre los que tienen demasiado y los que no tienen lo suficiente para vivir, no estamos en situación de identificarnos clara y abiertamente con los hebreos cuando con demasiada frecuencia poseemos la "riqueza" de los egipcios.

Si acaso, la travesía del Mar Rojo es un relato con moraleja para todos, especialmente para los poderosos: que Dios no sanciona ningún estado de cosas en el que el statu quo signifique opresión implacable. En la medida en que somos los opresores, deseosos de sacar provecho del trabajo de otros, Dios nos induce al pánico (Éxodo 14:24) y nos deja espiritualmente muertos en la orilla (Éxodo 14:30). Los teólogos John Cobb y David Griffin en una ocasión afirmaron elocuentemente: "Dios, lejos de ser el Sancionador del Statu Quo, es la fuente de algo de caos en el mundo" [Process Theology: An introductory Exposition (Philadelphia: Westminster Press, 1976) 60]. El incidente del Mar Rojo nos desafía siempre que asumimos que "podría ser lo correcto" -el Salmo 114 explica poéticamente esta travesía y los acontecimientos siguientes como una expresión del poder de Dios.

¿En qué sentido las personas acomodadas podrían tener una deuda con quienes no tienen forma de ganar los bienes básicos para su vida? ¿Cómo podrían las personas LGBT orgullosas de estar fuera del armario, ayudar a aquellos cuyas circunstancias no les permiten tal libertad?

El relato con moraleja de la travesía nos proporciona un comentario asociado a la lectura del evangelio para hoy. Mateo 18:21-35 engloba una parábola que es en sí misma un relato con moraleja para todo el que la oye. La parábola (verso 23-35), que sólo aparece en Mateo, finaliza con una afirmación amenazadora: "Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas" (18:35).

La historia de la travesía y la parábola del siervo comparten algunos rasgos esenciales. Primero, ambos destacan la compasión de Dios por quienes se encuentran en la aflicción. Por ejemplo, en la parábola, el rey tuvo compasión del primer siervo, por supuesto, pero las acciones egoístas de ese siervo hacia el otro ponen de manifiesto una preocupación por todos quienes están afligidos. En segundo lugar, ambos muestran la voluntad de  Dios de actuar de forma continua para socavar cualquier statu quo injusto.

En la parábola, las deudas eran legalmente (y algunos podían decir que éticamente) dos asuntos separados. Lo que las une es la esperanza del gobernante, originalmente tácita, de que la experiencia de perdón habría de significar un cambio de comportamiento por parte del primer siervo (versos 32-33). Cuando ese siervo, ahora devuelto a una posición social segura, usa esta posición para reforzar su reclamación contra otro siervo, que también pedía clemencia, ejemplifica cuán seductor puede ser el poder del statu quo. La liberación del primer esclavo de sus deudas no significó la liberación de los demás. En resumen: puede que necesitemos ser más considerados a la hora de practicar el perdón. Eso es, quizá, que el rey fue demasiado rápido en su ofrecimiento de perdón.

Marie Fortune, una pastora y defensora de la no violencia, cuenta la historia de una visita a una prisión para hablar con un grupo de hombres encarcelados por abuso sexual de menores. Cuando estaba a punto de marchar después de su charla, preguntó qué querían que le dijese a la gente de la iglesia y un hombre respondió: "Diles que no perdonen tan rápidamente". El perdón es ofrecido demasiado pronto, se le niega a la parte ofensora la oportunidad de hacer su parte, y de arrepentirse de verdad y cambiar, transformando completamente su manera de pensar y comportarse, para no poner más en riesgo en riesgo a otros. Como vemos en la parábola, esto es un trabajo duro, duro. Podríamos preguntarnos a nosotros mismos:  ¿fue perdonado el siervo demasiado pronto y demasiado fácilmente? Quizá el perdón, cuando llega, lo hace como final de un proceso y no como su comienzo. Con demasiada frecuencia, la carga es colocada en el lugar equivocado. El ofensor es sacado del apuro y a la víctima/superviviente se le pide que se recupere y perdone, queriendo decir que olvide la ofensa. Así, con demasiada frecuencia, se comete una grave injusticia, añadiendo a la ofensa el insulto. Sin embargo , haciendo posible nuevos comienzos, el perdón es un notable poder moral. No obstante, como todo poder, puede ser usado para bien o para mal. En otras palabras: debemos manejar el perdón con gran cuidado y discreción. Puede que sea ofrecido de forma prematura.

¿Cuándo podríamos como individuos o como parte de la iglesia haber participado en un proceso prematuro de perdón? Igualmente importante, cuando el perdón llega a nosotros ¿cómo de dispuestos estamos a compartirlo con otros que necesitan también de perdón?

La parábola de Mateo enfatiza que quienes han sido perdonados deben vivir reflejando la experiencia de perdón. El perdón es en este sentido una cuestión de justicia. Por lo tanto, se debe renunciar a prácticas de interacción social que mantienen el dominio de los perdonados sobre los no perdonados, o que que liberan a algunos en detrimento de otros. De acuerdo con la parábola, tal dominación es inmoral e incoherente con el carácter divino. De nuevo, el mensaje de la parábola hace añicos la arrogancia de quienes creen que tienen una especial relación con Dios (que sus pecados merecen perdón, mientras que los de los demás no) y actúan de una manera que equivocadamente refuerza esa creencia (que te condenaré a pesar de mi propia necesidad de perdón).

La parábola conecta con Éxodo 14 en que todos quienes nos beneficiamos de sistemas injustos de poder debemos trabajar sin descanso en nuestros propios contextos, humildes por los privilegios que se nos han dado, y deseosos de compartir esos privilegios con aquellos a quienes les han sido negados. Esto es por lo que las palabras de Pablo en Romanos 14:1-12 son también a la vez prácticas y humildes. Pablo comienza: "Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones" (verso 1). Tal llamada a la hospitalidad se imagina una comunidad de individuos diversos que ponen a un lado la corrosiva práctica humana de juzgarse mutuamente y, en vez de eso, comprometerse en en una interacción auténtica basada en la igualdad fundamental. Este pasaje insiste en que los creyentes no deben pelearse entre ellos sobre cómo vivimos nuestras vidas, porque el único juez es Dios, a quien debemos dar cuentas.

Es lo contrario de las experiencias que muchas personas LGBT de fe tienen en los así llamados foros sobre diversidad sexual patrocinados por iglesias y organizaciones. Con demasiada frecuencia, son simplemente oportunidades para pelearse sobre opiniones. Gente hablando, con frecuencia gritándose unos a otros más que afirmando su diferencia como diferencia, buscando ser una comunidad pese a todo. Pablo deja claro que el juicio final -el juicio sobre el valor último de la vida de una persona- pertenece a Dios. Los seres humanos, también en la iglesia, no deberíamos asumir nunca una prerrogativa divina. Asumir esta prerrogativa para nosotros es idolatría, entrar a juzgar a otros como si fueran nuestros siervos y no los siervos de Dios (verso 4). Pablo también deja claro este punto en la carta con anterioridad (ver Romanos 2:1-16).

Oración inclusiva

Sálvame, Oh Dios,
de la tentación de no ser sino plenamente humano,
de no ser sino el hijo de Dios que quieres que sea.
Sálvame, Oh Dios,
de ver mi sexualidad como una maldición,
y no como un precioso Don con el que me has bendecido.
Sálvame, Oh Dios,
de quienes buscan curar lo que no necesita ser curado,
que buscan herirme más haciéndome pensar que soy un error,
y no hecho a Tú imagen.
Sálvame, oh Dios,
de la teología fácil y simplista, que parece ofrecer seguridad
pero que solo ofrece grilletes y ciega el alma,
para que no te conozca en toda tu complejidad, belleza y maravilla.
Sálvame, Oh Dios,
de todo y de todos los que pueden distraerme y disuadirme
de vivir en tu llamada a vivir mi vida.
Amén.

(Midnight Prayer by Darrell Grizzle. Usado con permiso. Ver blog.)

4.9.11

En lugar de venganza

4 de septiembre de 2011
Domingo 23º de Tiempo Ordinario (Propio 18). Año A.

¿Hay algún espacio para la venganza en la vida de fe? ¿No es nuestra obligación hoy en día insistir en que la justicia no consiste en "volver las tornas", sino más bien en poner fin a la enemistad entre todas las personas?



Los textos del leccionario de hoy nos proporcionan una oportunidad para pensar sobre la práctica humana de la venganza, la esperanza de liberación y la posibilidad de perdón. Éxodo 12:1-14 suena familiar para muchos -narrando la institución de la primear Pascua judía. La justificación superficial de este dramático acto de la Pascua es forzar la mano del gobernante de Egipto, que se ha negado a permitir a Moisés que conduzca a su pueblo afuera del país.

En este pasaje, la venganza se retrata como juicio. No es un juicio sólo sobre un gobernante recalcitrante, sino también sobre una sociedad que rechaza permitir a los marginados la posibilidad de tomar sus propias opciones y determinar sus propios destinos -incluyendo su sistema religioso. Como dice el texto: "heriré de muerte a todo primogénito egipcio... y también dictaré sentencia contra todos los dioses de Egipto" (Éxodo 12:12). Fíjate en que Éxodo 12:11 destaca cómo las personas deben vivir dispuestas para la liberación: vestidos, calzados, con el bastón en la mano, como si la liberación hubiese ocurrido ya.

Muchas personas LGBT hacen esto constantemente, sirven a la iglesia o viven en "matrimonios" de mutuo respeto incluso cuando la sociedad continúa negándoles ser ciudadanos de primera clase. Por el contrario, la historia del Éxodo destaca qué ciegos y atrincherados pueden estar los sistemas opresivos. Martin Luthr King Jr., en su Carta desde la cárcel de Birmingham estaba más que acertado cuando escribía: "Sabemos por la dolorosa experiencia que la libertad nunca es dada voluntariamente por el opresor; debe ser demandada por el promido". En este relato de la Biblia, se nos confronta con el posible resultado final de una sociedad que hace oídos sordos de modo creciente a quienes están en sus márgenes y no ve sus propias prácticas contaminantes.

De forma alternativa, Éxodo 12:4 destaca cómo muchas familias pequeñas podían compartir un cordero en solidaridad vecinal. Este sencillo acto señala la importancia de que las organizaciones LGBT hagan causa común entre ellas y con otras organizaciones de justicia social, para conseguir el momento de la liberación: quienes son tradicionales excluidos (cabras) son igualmente aceptables para Dios que quienes son tradicionalmente incluidos (ovejas). ¡Somos la revolución que buscamos alcanzar!

El Salmo 149 nos proporciona una perspectiva de la venganza de quienes sienten la necesidad de ser vengados. El lenguaje es preocupante -"¡Que exalten a Dios a voz en cuello mientras agitan en sus manos las espadas" (verso 6- pero el sentimiento es real. Esta fantasía preocupante de liberación a través de la violencia es algo que puede tener sentido en la psicología de una comunidad oprimida sin poder. ¿No es nuestra obligación, sin embargo, hoy en día insistir en que la justicia no significa "volver las tornas", sino más bien poner fin a la enemistad y al distanciamiento entre todas las personas?

También en nuestros círculos más "ilustrados" debemos preguntar: En nuestros intentos de ser educados y amables, ¿con qué frecuencia desestimamos o tratamos de forma inconveniente el dolor real de quienes han sido maltratados? Fíjate también en que se nos dice que Dios se complace en la felicidad humana (Salmo 149:1-4). El salmo nos recuerda que Dios no pasa por alto las experiencias de injusticia, y que se debe permitir que el dolor real de la injusticia encuentre su voz. El castigo que quienes odian atraen sobre sí mismos es que deben oír la alabanza jubilosa de quienes están en sintonía con Dios -teniendo que ser testigos del "motivo de alegría para los fieles" (Salmo 149:9).

Ezequiel 33:7-11 nos regala una sorprendente y con frecuencia aterradora responsabilidad, advertir "al impío que se aparte de su mal camino". ¿Con qué frecuencia las personas LGBT han sido etiquetadas erróneamente como los impíos y malvados? Pero como señala el poeta Audre Lorde: "Nuestro silencio no nos protegerá", de manera que debemos decir nuestra verdad y demandar justicia para nosotros y para todas las personas, junto con la tierra misma?

La ironía es que las personas LGBT nos somos pecadores a causa de nuestro amor, sino más bien somos las personas contra quienes se peca cuando se nos acusa falsamente de blasfemia y de cosas peores, por amar a otras personas de nuestro mismo sexo. Sin embargo, con frecuencia cae sobre nosotros la carga de educar y espolear a otros, no solo a burdos homófobos, sino a la amplia mayoría de personas que viven "inocentemente" con privilegios heterosexuales y de otro tipo. Debemos desafiarlos, pues necesitamos desafiarnos a nosotros mismos, para que se conviertan y vivan, asumiendo las diferencias como un valor positivo para construir la comunidad y exhibiendo una insaciable pasión por la justicia. Sí, en realidad las personas LGBT también necesitamos examinar nuestros propios privilegios adquiridos a los que nos aferramos "inocentemente" y rendir cuentas de cómo usamos nuestro relativo poder y privilegio sociales -ya sean de género, raza, clase, religión o nacionalidad. Ezequiel 33 enfatiza que como los centinelas de un Dios justo, las personas oprimidas deben alzar la voz por la justicia.

¿Cuáles son mis privilegios adquiridos? ¿De qué forma viviré una existencia que busque la justicia en sintonía con quienes está marginados?

Los pasajes del Nuevo Testamento para hoy nos proporcionan aún otra visión de venganza. No resulta aparente con facilidad que Romanos 13:8-14 aborde el tema de la venganza, pero ese es el asunto que sirve de contexto a lo que se afirma aquí abiertamente. Cuando el apóstol Pablo escribe: "El amor no hace daño a nadie. De modo que el amor es el cumplimiento de la ley", está invitando a sus lectores y oyentes a adoptar un modo de vida claramente distinto del que era costumbre (Romanos 13:10). Las represalias, los rencores, las disputas, e incluso el mal de ojo y las maldiciones estaban a la orden del día. Individuos y familias enteras (incluso de generación en generación) podían verse implicados en un ciclo de nunca acabar de resarcimiento por los errores pasados.

Más directamente, para las personas LGBT que afrontan violencia domestica del mismo sexo, la afirmación de que el amor no hace daño es instructiva y potencialmente redentora. Estas parejas afrontan dos problemas: el abuso en la relación y la hostilidad cultural del contexto que hace violencia a la relación. Estos problemas hacen difícil acudir al exterior en busca de ayuda y muchos solo agravan su vulnerabilidad y sufrimiento. Uno de nuestros desafíos es hacer añicos el mito de que la violencia íntima no tiene lugar en las relaciones homosexuales, rompiendo el ciclo de violencia que nos mantiene confinados en la vieja manera de vivir. Otro es escuchar a los supervivientes LGBT de violencia, y acoger su enojo y apoyar su apoderamiento. Necesitamos entablar una crítica a la homofobia social y religiosamente sancionada que alimenta dicho abuso. Ofrecemos esperanza cuando reconstruimos nuestras teologías para que honren a todas las personas, personas LGBT incluidas, e insistir en que cada criatura, humana y no humana merece ser tratada con respeto y vivir en seguridad.

Romanos 13:9-14 emplea dos imágenes de cambio de vestido para enfatizar el amor como el cumplimiento de la ley. Se nos dice que nos revistamos de "las armas de la luz" y que nos revistamos "del Señor Jesucristo", desechando el atuendo inapropiado de nuestros deseos egocéntricos disgregados en favor de una paz comunitaria con justicia. El amor (agape) nos solo vence tales cosas, busca evitarlas en primer lugar. No solo para la violencia, el amor evita reactivarla. Agape es esa cualidad del amor que inicia y reafirma la relación, especialmente cuando ha sido o está a punto de ser rota. La persona que despierta y sale de la "noche" del "drama triangular" vive "con honestidad, como a la luz del día" de nuevas posibilidades de relación (13:13). (El "drama triangular" es un patrón social en el que un individuo es consecutivamente o víctima o perseguidor o rescatador.)

Porque el interés individualista por uno mismo es con frecuencia destructivo, el cambio de vestido a la luz de Jesús nos enseña a amarnos a nosotros como base para amara otros y por lo tanto llegar a estar completos. Como escribió una vez el arzobispo Desmond Tutu sobre la situación en su propio país: "Todos los sudafricanos estaban menos completos de lo que lo hubieran estado sin apartheid. Los privilegiados salieron perdiendo al hacerse indiferentes... y por lo tanto menos humanos... Las víctimas con frecuencia acabaron por internalizar la definición que los mandamases tenían de ellos" [No Future without Forgiveness (New York: Doubleday, 2000) 196-197].

¿Qué injusticia he cometido yo contra otro por la que deba pedir el perdón de Dios así como el de la persona sobre la que he cometido la injusticia? ¿Qué injusticia he experimentado por la que necesite elevar mi voz a Dios y a otras personas de confianza?

Un procedimiento complementario para evitar la venganza se presenta en Mateo 18:15-20. Desde nuestra perspectiva, el texto proporciona un preciso conjunto de regulaciones para hacer "salir" a los miembros más poderosos de los grupos oprimidos que regularmente emplean mal su poder para herir a su propio grupo -como los predicadores LGBT o políticos dentro del armario que argumentar a favor del rechazo de las personas abiertamente gays. El procedimiento se presenta en tres partes: confrontación con palabras en privado (18:15); negociación con un posible pequeño comité de visita o una carta registrada (18:16); y decisión, como último recurso, de hacer "salir" en público (18:17). Más allá de la idea simplista de "poner la otra mejilla" (5:39), se alienta a los creyentes -de hecho, se les invita- a trabajar en medio de sus desacuerdos sin recurrir a represalias destructivas. Mateo es el único evangelio que usa la palabra "iglesia" y subraya el papel de esa comunidad de creyentes para ayudar a restaurar las relaciones rotas. De hecho, la práctica de la reconciliación entre creyentes sugiere un contexto de culto -"Yo estoy en medio de ellos" (18:20). No se debería poner demasiado énfasis en el acto de exclusión prescrito en 18:17. Esto ilustra claramente un caso límite para el escritor de Mateo. El individuo que debe ser considerado como "un gentil y publicano" representa a  alguien que rehúsa estar en comunidad y rechaza el consejo de otros. Es mediante el poder de la solidaridad con otros, sin embargo, incluso solo de dos o tres, como alcanzamos la paz con justicia (Mateo 18:19-20).

Oración inclusiva

Dios nuestro, en quien vivimos, nos movemos y existimos,
que recordemos nuestra identidad con todos
con quienes compartimos tu seno, tu aliento de vida.
Que seamos tu pueblo liberador, no solo para nosotros mismos, sino para todos.
Nosotros que te damos gracias por la oportunidad de vivir en esta época de desafíos,
y por la inspiración para aceptar nuestros desafíos.
¡Seas bendito! Amén.