25.6.11

De la violencia a la paz, de la exclusión a la hospitalidad

26 de junio de 2011
Domingo 2º después de Pentecostés. Año A.

Génesis 22:1-14 o Jeremías 28:5-9
Salmo 13 o Salmo 89:1-4,15-18
Romanos 6:12-23
Mateo 10:40-42


Esta semana nos encontramos con mandatos y profecías aterradores de los patriarcas, profetas y apóstoles. Se le pide a Abraham que sacrifique a Isaac, la auténtica personificación de la promesa de Dios de un gran linaje. Jeremías recuerda a quienes profetizaron guerra, hambre y peste. Pablo señala que vamos de la esclavitud del pecado a la esclavitud de la justicia. En cada caso, las duras palabras dejan paso a la promesa: Isaac es preservado, el verdadero profeta habla de paz, el discipulado es redefinido como libertad.


Esta semana descubrimos que la Palabra de Dios, palabras que nutren y confieren poder, no es siempre lo mismo que el texto leído palabra-por-palabra de la Biblia. ¿Dónde está la Palabra de Dios en medio de tantas palabras en la Biblia?


Pablo, en Romanos 6:12-23, si asomo de duda, cuenta con la metáfora de la esclavitud para expresar la relación entre el discípulo obediente y su divino Señor. Por supuesto, la esclavitud no es relevante hoy en día. La esclavitud era simplemente una de la instituciones que "fue" y así sirve bien su propósito de describir la conversión del corazón en aquellos que se hallan volviéndose a Dios tal como es conocido a través del Crucificado: "aunque antes erais esclavos del pecado, ya os habéis sometido de corazón a la enseñanza que os fue transmitida. En efecto, habiendo sido liberados del pecado, ahora sois esclavos de la justicia" (verso 17-18).

Sin embargo, al seguir adelante, Pablo nos hace saber que esa analogía no es necesariamente la última palabra: "Hablo en términos humanos, por las limitaciones de vuestra naturaleza humana" (verso 19). Y así, ¿no seremos libres de cambiar la metáfora, para encontrar palabras más adecuadas para describir nuestra relación con Aquel cuyo verdadero nombre es Amor? Aunque la esclavitud todavía existe, la posesión de un ser humano por otro no se puede justificar por más tiempo. La fe que se reduce a la obediencia a un poder tiránico, es igualmente inadecuada como una descripción de la buena noticia del Evangelio.


Hemos descartado tanto la institución de la esclavitud como su utilidad como metáfora para describir la vida de fe. ¿No podemos también dejar atrás las historias que han sido usadas para condenar el amor homosexual, estando atentos, en cambio, a una palabra de libertad?


En Génesis 22:1-14, Abraham oye una voz que detiene su mano y la trayectoria del cuchillo: "No pongas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas ningún daño" (verso 12). ¿Se arrepiente Dios de su mandato? ¿Pasó Abraham la prueba o la falló? ¿Podrían las palabras puestas en boca de un ángel masculino ser el llanto de Sara, madre de Isaac, que se rio de la noticia de que daría a luz un hijo en su ancianidad, un hijo ahora atado sobre un altar?


Muchos hijos e hijas LGBT han sido sacrificados sobre el altar de la así llamada obediencia a Dios, a la autoridad de la iglesia, al ídolo de los "valores familiares". Bien se les haya dicho que esta es la mejor manera de proceder con un hijo que ha salido del armario, bien simplemente hayan absorbido el mensaje mortífero de que ser queer es estar condenado, muchos padres sometes a sus hijos a dolorosas terapias reparativas o los rechazan si más. Incluso estando enrizados en una preocupación sincera tanto por la felicidad en esta vida como por la salvación en la venidera, tal obediencia no es fidelidad. Sara y Abraham están, después de todo, en una arriesgada pero gratificante estancia dentro de un territorio desconocido -una tierra prometida hacia la que Dios les está guiando. Ellos dejan todo atrás, para correr el riesgo de ver si las promesas de Dios son ciertas. Esta historia no va de conservar las cosas tal como siempre han sido, sino de emprender el camino hacia un mal definido pero estimulante futuro. "No le hagas ningún daño" (verso 12), dice todavía el ángel. Y, podríamos añadir, "Ven conmigo a una tierra que Dios provee, donde los vulnerables son protegidos, donde el cuchillo del sacrificio es apartado".


Una imagen adicional del futuro prometido de Dios puede estar contenida en el Salmo 13. ¿Es Isaac quien grita? ¿Es este el que está atado al altar de unas convenciones o de una moralidad construidas con estrechez (incluso así llamadas obediencia fiel), el que siente como si Dios estuviera escondiendo su divino rostro, y sin embargo el que continúa confiando? ¿No es este el salvado, el que se regocija cuando lo abraza el amor de Dios, el que canta los copiosos dones de Dios de vida y amor?


¿A qué o a quién estás sacrificando -tanto condenando, como matando o abandonando- en el nombre de la obediencia, cuando el ángel clama "no dañes a este"?


Jeremías 28: 5-9 nos desafía a discernir las bien-acogidas-pero-falsas profecías de la palabra divina dura-pero-cierta. El profeta Jananías predice paz y retorno -aunque el conflicto, la alienación y el exilio definen la realidad de aquellos a quienes habla. En nuestros días, las enfermedades causan estragos, el hambre barre el mundo, guerra y rumores de guerra se escuchan en cada esquina. Tanto en tiempos de Jeremías como en los nuestros, debemos atender más de cerca la palabra que viene de Dios. En este pasaje, Jeremías critica a Jananías por profetizar incorrectamente, por promover la paz y la restauración del pueblo. Jeremías está convencido de que tales promesas son falsas. Jananías, se podría decir, predica una palabra más fácil, una palabra que los cortesanos de Sedequías sin duda ansiaban oír, una palabra nacionalista, una palabra en su propio interés y en el de su  pueblo. Pero según Jeremías, esta palabra es engañosa -un término que no usa aquí, pero que es muy efectiva en otros lugares (por ejemplo 7:4). La palabra de paz debe esperar.


Para Jeremías, y también quizá para nosotros, este es un momento en el que se nos invita a no hacer la vista gorda ante el conflicto, sino en su lugar a examinar los signos de los tiempos para que la palabra de paz, la palabra de shalom, que ansiamos oír, ansiamos proclamar, pueda hacerse realidad.


El Salmo 89:1-4,15-18 ofrece una verdad más profunda, asegurándonos la fidelidad y la paz de la alianza de Dios habitando entre nosotros. El amor de Dios es inquebrantable. No hay que dudar de la fidelidad de Dios. Sin importar si, como parece que sucede con Jeremías, sólo conozcamos que la promesa de paz es segura cuando se haga realidad. Con el salmista podemos caminar a la luz de la promesa de Dios y unirnos al grito de júbilo de que ¡Dios nos conduce a casa!


¿Dónde oyes una palabra de esperanza que puede sostener la fe cuando sientes lejos de casa? ¿Qué palabra de esperanza tienes para sostener a otros que pueden encontrarse al límite de la desesperación?


Mateo 10:40-42 sitúa la responsabilidad de la hospitalidad de vuelta en nuestras propias manos. Debemos acoger al profeta en nombre de un profeta, al justo en nombre de la justicia, a los pequeños que están sedientos en nombre de los discípulos. Por supuesto, nos debemos permitir recibir hospitalidad -para ser acogidos y, de ese modo, representar a Cristo para aquellos que nos ofrecen un lugar a la mesa y una copa de refresco. Dios no nos aparta sino que espera ser acogido. La palabra de exclusión da paso a la palabra de acogida -la palabra de violencia a la palabra de paz y la palabra de sumisión a la palabra de libertad.


¿Qué agua, qué palabra de acogida, tienes que ofrecer a quienes permanecen sedientos de un abrazo de amor y esperanza?


Oración inclusiva


Santo en quien solo confiamos,
Tú que no te deleitas con la sangre de los hijos sacrificados,
Tú que no te complaces cuando los padres rechazan o
tratan de "enmendar" a sus hijas e hijos LGBT,
Tú que pides que nunca digamos: "no te necesito",
a otro miembro del Único Cuerpo,
Tú a quien acogemos cuando no ignoramos la sed de los agostados
en los desiertos de la alienación,
Tú que nos confías tu obra de reconciliación, hospitalidad y sanación,
procúranos en este día gracia, libertad, poder y esperanza,
para que podamos comunicar tu acogida a todos,
en el nombre de Aquel que dijo "venid a mí y yo os daré reposo",
amén.



18.6.11

Leyendo textos difíciles con el Dios del Amor y la Paz

19 de junio de 2011
Domingo de la Trinidad: 1º después de Pentecostés. Año A.

Génesis 1:1-2:4a
Salmo 8
2 Corintios 13:11-13
Mateo 28:16-20


Todos leemos los pasajes de la Biblia a la luz de nuestras experiencias, preocupaciones y situaciones en la sociedad. No es sorprendente que interpretaciones de la Biblia que parecen dar vida para algunos lectores sean sentidas por otros lectores como dañinas u opresivas. ¿Qué hay de estos pasajes que son usados para hablar del concepto de la Trinidad?


Las personas LGBT sabemos que la Escritura puede usarse para propósitos conflictivos. Desafortunadamente, el relato de la creación de Génesis 1:1-2:4a, con su énfasis en "hombre y mujer" y su mandamiento de "reproducíos y multiplicaos", se cita algunas veces para oponerse a la homosexualidad. Además, su énfasis en el "dominio" humano sobre otras criaturas (que también encontramos en el Salmo 8) se ha asociado con la destrucción ecológica. También, el mandamiento de Jesús en Mateo 28:16-20 de hacer "discípulos en todas las naciones" ha servido como justificación de empresas misioneras algunas veces vinculadas al imperialismo occidental, el racismo y la intolerancia religiosa.


¿Cómo deberían las personas de fe aproximarse a los pasajes bíblicos que se han sido usados para propósitos dañinos?


Todos leemos la Biblia a la luz de nuestras propias experiencias, preocupaciones y situaciones en la sociedad. Por eso, no es sorprendente que las interpretaciones de la Biblia que parecen dar vida para algunos, sean sentidas por otros como dañinas u opresivas. En un mundo diverso, los desacuerdos sobre la interpretación bíblica son en algún grado inevitables.


Sin embargo, es importante recordar que, aún en los años más tempranos del cristianismo, las personas de fe no eran siempre del mismo parecer. En la iglesia de Corinto, los desacuerdos entre los corintios no conducían al debate saludable sino más bien a las facciones y a la competencia por el liderazgo.


Escribiendo a esos corintios en 2 Corintios 13:11-13, Pablo indica que los cristianos que dan culto "al Dios del amor y de la paz" deberían intentar "vivir en paz". La exhortación de Pablo a sus lectores puede ofrecer una guía para leer la Biblia en nuestras diversas comunidades. Puede que no siempre seamos "de un mismo sentir", como Pablo esperaba. Sin embargo, podemos ciertamente luchar para articular nuestros desacuerdos en un espíritu de amor y paz, y leer los textos bíblicos de manera que contribuyan a una vida de paz.


¿De quiere decir leer los pasajes bíblicos como testimonio del Dios a quien Pablo llama "el Dios del amor y de la paz?

Si el relato de la creación del Génesis se lee como una historia sobre el mismo "Dios del amor y de la paz" al que Pablo se refería en su carta a los corintios, puede que resaltemos elementos del texto, diferentes de los que subrayan quienes promueven un Dios de juicio y jerarquía. El pasaje del Génesis fue escrito probablemente por exiliados de Judá, que vivían en "tierra extrajera" (Salmo 137:4) bajo el poder imperial babilonio. Estos exiliados encuentran en la afirmación de que el Dios de Israel creó el cosmos, una fuerza de aliento y resistencia. Incluso, mientras encaraban circunstancias difíciles, escribieron que "todo" lo que su Dios creó "era muy bueno" (Génesis 1:31). Leyendo esta afirmación, potencialmente inclusiva, en nuestro propio tiempo, puede que deseemos enfatizar su afirmación de que todos los seres humanos, sin importar su raza, género, nacionalidad, práctica sexual o cualquier otra diferencia, pertenecen a la "buena" creación de Dios. De hecho, incluso otras criaturas, tales como los animales creados con los seres humanos en el sexto día, asumen una importancia mayor cuando afirmamos con Dios que "todo" lo que Dios creó "era muy bueno".



Por supuesto, nunca podremos eliminar el uso de la Escritura como herramienta de prejuicio y opresión. Pero en el Domingo de la Trinidad, cuando los cristianos afirmamos que el "Espíritu Santo" que Pablo asocia con la comunidad (2 Corintios 13:13) es el mismo Espíritu de Dios que se movía sobre las aguas al principio de la creación, haremos bien en hallar en los pasajes de la Biblia un recordatorio del deseo de Dios de extender shalom -la plenitud y la paz de Dios- a todas las partes de esa creación. Quizá incluso la declaración de Jesús en Mateo 28:16-20 puede ser releída bajo esta luz. En vez de justificar la moderna expansión misionera occidental, podría ser reinterpretada como una afirmación de que el Creador, el Redentor y el Sustentador están con nosotros, cuando quiera y donde quiera trabajemos por hacer realidad el amor y la paz de Dios, entre todas las naciones y lo largo y ancho de la tierra.


Oración inclusiva

Santo Uno y Trino,
Creador, Redentor y Sustentador,
acompáñanos cuando quiera y donde quiera que trabajemos
por hacer realidad tu amor y tu paz
-aquí entre quienes están a nuestro lado,
pero también entre todas las naciones
y a lo largo y ancho de la tierra.
Santo Uno y Trino, a ti te lo rogamos. Amén.

9.6.11

¡Poder destinado a mí, a nosotros!

12 de junio de 2011
Domingo de Pentecostés. Año A.

Hechos 2:1-21 o Números 11:24-30
Salmo 104:24-34, 35b
1 Corintios 12:3b-13 o Hechos 2:1-21
Juan 20:19-23 o Juan 7:37-39

El Espíritu Santo es el don transformador de Dios para nuestras existencias, que cambia el enojo en inquietud, la soledad en gozo compartido y la frustración en visión de futuro.

Hechos 2:1-21 narra el sorprendente día de Pentecostés. El don de este texto a las comunidades marginadas es la frase del verso 11: "¡y todos los escuchamos hablar en nuestra lengua acerca de las maravillas de Dios!" Esto no es una simple afirmación de la intolerancia de un pueblo que no quiere aprender la lengua de otro. Más bien, la afirmación reconoce que todos queremos conocer las maravillas de Dios en nuestra propia cultura y contexto, tanto si somos extranjeros en la UE, como si somos personas LGBT en contextos de dominio heterosexual.

En el pasaje, el Espíritu se enciende sobre unas personas concretas en la habitación de arriba, pero no se confina a esa experiencia a puerta cerrada. Quienes han tenido una fogosa y tempestuosa experiencia con Dios, que los agita desde sus cimientos, deben compartirla con otros. Deben también gozarse en que Dios traduzca esa experiencia a un lenguaje adecuado para quienes también quieren conocer las maravillas de Dios en sus vidas.

En respuesta a la gente que quería comprender el desbordamiento de dentro la habitación y el extraño testimonio, Pedro se pone en pie y dice que esto cumple la promesa de Dios de derramar su espíritu sobre todos los pueblos (versos 14-21). Este derramamiento permite a quienes se alinean con Jesús (quienes invocan a Dios), experimentar una presencia salvífica.

La experiencia del Espíritu Santo siempre amplía nuestra misión mucho más allá de lo que pudiéramos haber previsto previamente. Y siempre nos llama a incluir dentro de nuestra misión, a personas que previamente pudiéramos haber considerado "no suficientemente dignas" de la gracia de Dios. Pero, a los ojos de Dios, nadie puede ser nunca indigno.¡El Espíritu incluye a todos y todas!

Eric Law, en mayo/junio de 2004, publicó en la revista The Other Side, afirmando que el "milagro de la lengua" es solo la mitad del milagro de Pentecostés. Está también el "milagro del oído", y que tanto el habla como la escucha son necesarias para que Pentecostés ocurra. Para que exista una auténtica comunidad animada por el Espíritu Santo debemos estar dispuestos a escuchar tanto como a hablar. Necesitamos tomarnos el tiempo no solo de contar nuestras historias de cómo es eso de ser LGBT y cristiano, de contar historias de cómo se es un aliado, sino que necesitamos también tomarnos el tiempo y crear espacios para escuchar las historias de otros. Además de hablar por nuestras diferencias, necesitamos escuchar por nuestras diferencias.

¿De qué manera el "milagro de la lengua" y el milagro "del oído" pueden transformar ahora nuestras interacciones con los demás?

Números 11:24-30 realmente disgusta a las jerarquías y autoridades religiosas porque Dios demuestras que el Espíritu no tiene que estar confinado dentro de unos límites religiosos aceptables. Como los líderes religiosos de hoy, los líderes del texto no lo captaron. Querían parar lo que estaba ocurriendo. Quizá Josué intentó reservar la autoridad solo para Moisés entre lo ancianos de Israel, pero la respuesta de Moisés es aleccionadora para los miembros de las comunidades LGBT y sus aliados. Moisés expresa el deseo de que todo el pueblo de Dios pudiera profetizar y de que el Espíritu se posara sobre todos. Tanto la sacudida a las convenciones, como el deseo de que Dios actúe de esta nueva manera, parecen buenas noticias para las personas que luchan dentro de estructuras tóxicas y restrictivas.

Hoy vemos al Espíritu abriéndose camino en instituciones y estructuras que expresan el deseo de Moisés de que el Espíritu se pose sobre todo el pueblo de Dios. Por ejemplo, el Espíritu actúa no solo dentro de la iglesia, sino también fuera de la iglesia y con antelación a los mejores esfuerzos de la iglesia. En el contexto de EEUU hay estados (tales como Massachussets, Nueva York, New Jersey o Hawai, por nombrar algunos) que han avanzado más allá que la iglesia en relación a los derechos y privilegios de las personas LGBT.

Según Números 11:14, la razón por la que el espíritu de Dios es compartido con los ancianos, es porque Moisés no puede solo "soportar a todo este pueblo", es para él "una carga demasiado pesada". Estas son palabras importantes para las personas LGBT en puestos de liderazgo. Con frecuencia nos quemamos como líderes en nuestras comunidades a causa de la naturaleza de vida y de muerte de nuestro trabajo. Necesitamos que se nos recuerde que el don del Espíritu de Dios consiste en un liderazgo compartido.

¿Dónde ves al Espíritu de Dios abriéndose camino de manera liberadora, incluso en estructuras y organizaciones que trabajan en contra de la igualdad LGBT y de la justicia de Dios?

El Salmo 104:24-34, 35b testimonia que Dios, en su sabiduría, creo a todos y a todas las cosas en la tierra, ¡una variedad extensa y abundante más allá de todo número! En esta declaración, el salmista afirma una verdad que da forma a las comunidades en los márgenes de la teología dominante. No podemos conocer de qué forma tan variada y expansiva se expresa el amor creativo de Dios en la creación, incluyendo las variadas expresiones humanas de creación. Este salmo sugiere que avancemos más allá del pensamiento unilateral sobre la creatividad de Dios. La sexualidad humana debe estar incluida en ese diálogo.

Este salmo puede que diga algunas cosas muy crudas: "Que sean borrados de la tierra los malvados; ¡que dejen de existir los malhechores!" (Estas duras palabras del verso 35 parecen haber sido omitidas intencionadamente de la lectura de hoy). Sin embargo, el salmo 104 también dice alguna de las más gozosas (y divertidas) cosas: por ejemplo, el mar contiene tanto a los barcos como al Leviatán -"que creaste para jugar con él" (verso 26).

Es importante para quienes guían a las comunidades e iglesias LGBT, darse cuenta de que el Espíritu de Dios es "creativo y renovador". Esto es una buena noticia para las personas LGBT en el liderazgo que se puedan sentir quemadas. También es buena noticia para las comunidades e iglesias LGBT que han experimentado algún trastorno.

Si el Salmo 104 nos anima a incluir nuestra sexualidad en el diálogo sobre el amor creativo de Dios, ¿Qué podría esto suponer en la manera como vivimos y respondemos a los demás?

El temor ha mantenido a más de uno y más de una detrás de puertas cerradas, dentro de armarios y bajo envolturas. Juan 20:19-23 tiene una muestra de tono antisemítico en los evangelios ("for miedo a los judíos"). Habiéndonos dado cuenta de este sesgo en el texto, queremos centrarnos en el hecho de que el único remedio para el temor es la paz. Esta paz es alentada dentro de y a través de nosotros por Jesús, quien concede el Espíritu y perdona el pecado.

Pascua, Ascensión y Pentecostés se condensan en un acontecimiento para el autor del evangelio de Juan. Jesús, en esta narración, describe nuestra misión con la importancia siguiente: "A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; y a quienes no se los perdonéis, no les serán perdonados" (verso 23). Esto sugiere que realmente tenemos que comprender con cuidado lo que pedimos cuando, en la oración de nuestro Salvador, decimos: "perdona nuestros pecados como nosotros perdonamos a quienes pecan contra nosotros".

El temor de los discípulos los mantiene tras puertas atrancadas. Esto es una vívida descripción del "armario" para las personas LGBT. La buena noticia de este texto es que Jesús es capaz de atravesar nuestros armarios e infundir la paz.

Juan 7:37-39 nos lleva a reflexionar que las personas anhelan una vida espiritual que sea vibrante y satisfactoria, y que continuará dar respuesta a nuestra necesidad de fuerza. A las personas en comunidades LGBT y a las personas solidarias con ellas, se les hace sentir vacías en ámbitos religiosos donde el juicio y el dolor se dispensan en nombre de Jesús. En Pentecostés se nos recuerda que Jesús, y no las estructuras ni los rituales, es la fuente de una vida espiritual que sustenta. Más aún, debemos recordar que el Espíritu no puede ser contenido o mantenido únicamente dentro de nosotros, sino que se desborda fuera de nosotros, a veces a pesar de nosotros. Es inquietante reparar en que el verso 39 dice, "El Espíritu aún no había venido". Es difícil imaginar una mundo, una vida, sin el Espíritu.

¿Cuáles son las puertas cerradas, en cada una de nuestras vidas, que podríamos desear que Jesús atravesara?

Oración inclusiva

Ven, Espíritu Santo; ilumina los rincones oscuros de nuestra vida;
que todos veamos claramente a Jesús como el poder de Dios que todo lo renueva.
Ven, Espíritu Santo; danos poder a nuestra determinación de compartir el evangelio;
que todos podamos compartir la paz de Dios en Cristo Jesús.
Ven, Espíritu Santo; haznos instrumentos de tu paz;
que todo el mundo pueda conocer el incomprensible amor de Dios.
En el poderoso nombre de Jesucristo. Amén.

2.6.11

En paz en los brazos de Dios

5 de junio de 2011
Domingo 7º de Pascua. Año A.

Hechos 1:6-14
Salmo 68:1-10, 32-35
1 Pedro 4:12-14, 5:6-11
Juan 17:1-11


Todos los que buscan seguir a Jesús encontrarán seguridad, protegidos del mal por la propia mano de Dios.


En Hechos 1:6-14, el autor de los libros de Lucas y Hechos quiere que entendamos que durante los 40 días siguientes a la resurrección de Jesús, Jesús se presentó él mismo vivo y hablo del "Reino" -la comunidad de bienes de Dios. No es de extrañar que "los que se habían reunido" -los apóstoles (verso 6)- le preguntaran a Jesús si había llegado el momento de que él restaurase el reino de Israel. Jesús respondió: "No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (verso 8). Así que ¡agarra tu poder y cambia las cosas ahora! Los cristianos LGBT y sus aliados han sido capacitados para reconstituir el poder del antiguo reino, pero para compartir el poder y usarlo para establecer el reino de Jesús. Se nos invita a unirnos a Dios en su comunidad de bienes en esta tierra común y en el momento presente.

¿Cuando piensas en tu fe, lo haces orientado hacia el presente y la vida en esta tierra o hacia la vida eterna y al mundo venidero? ¿Qué supone esa orientación en el modo como vives tu fe?


En el Salmo 68:1-10, se describe a Dios como "padre" de quienes no tienen padres -de quienes no tienen estatus social, fuente de protección no nadie que cuide por ellos. Dios da al desolado un lugar donde vivir, y conduce a los prisioneros de su encarcelamiento a la prosperidad. En esta época en la que más de un uno de cada cien ciudadanos en EEUU está en prisión, estas son palabras importantes sobre nuestra vocación. Se nos da poder para asumir acciones de justicia para todas las personas.


Si crees que Dios actúa verdaderamente como "padre" de los huérfanos y "protector" de las viudas; provee un hogar para el desolado y también libera a quienes están en prisión, ¿cómo afecta todo esto al modo en que vives?


Las personas LGBT de fe en Jesús  encuentran con frecuencia menospreciada su fe por parte de otros que siguen a Jesús. En 1 Pedro 4:12-44 y 5:6-11, Pedro nos recuerda que somos bendecidos cuando participamos en el padecimiento de Cristo, de manera que Dios nos puede proveer de fuerza y gloria. Incluso cuando otras personas de fe menosprecian nuestra propia fe, podemos depositar todas nuestras ansiedades en Dios, porque Dios cuida de nosotros.


Muchas personas LGBT conocen lo que es se "vituperados por el nombre de Cristo" (1 Pedro 1:14). ¿Qué buena noticia, consuelo o desafío le escuchamos a Pedro?


El capítulo dieciséis del evangelio de Juan concluye con las palabras de Jesús: "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo" (verso 33). Después, en Juan 17:1-11, Jesús hace la oración que conforma todo el capítulo 17 -una oración por quienes se comprometen a seguir a Jesús. Las personas LGBT, igual que todos quienes siguen a Jesús, son hechos uno con Dios en Jesucristo y reciben el poder y la vida eterna a través de Jesús. Jesús, ora por nosotros, para que seamos uno del mismo modo que Dios y él viven en unidad. Esta es una unidad de propósito, un deseo mutuo de bienestar. ¡Esto es un poderoso, poderoso amor! ¡Esto es posible, porque Jesús ha vencido al mundo!


¿En qué sentido desafía a la iglesia la inclusión de personas LGBT de fe en la "unidad de Cristo" ?


Oración inclusiva


Abrázame Jesús. Abrázame fuerte.
Líbrame del temor al mal,
y de escapar a la confrontación con quienes deforman tu palabra
y reducen el alcance de tu amor.
Libérame Jesús.
Envíame desde la seguridad y consuelo de tu abrazo,
para que pueda, en tu nombre y por tu causa,
abrazar a aquellos cuya propia identidad ha sido amenazada
y cuyo amor está prohibido.
Haz que tu alegría sea completa en nosotros.
En tu santo nombre. Amén.