23.4.11

Pertenencia y restauración

24 de abril de 2011
Domingo de Pascua. Año A.
Este Domingo de Pascua nos recuerda nuestra misión de crear espacios a los que todas las personas puedan pertenecer y en los que puedan ser restauradas. Parte de la resurrección es ver y reconocer el dolor de otras personas, con la esperanza de restaurarlas a la plena membresía en la comunidad, que las ama y las acoge.
Atemperar la necesidad humana de pertenencia a una comunidad, con la profunda pena de haber sido rechazados o exiliados por la propia comunidad a la que deseas pertenecer, es un problema social de gran relevancia en la comunidad LGBT. Los pasajes bíblicos están repletos de peticiones de inversión de roles, promesas de restauración y excluidos a quienes se les hace sentir acogidos a la mesa del banquete. Los antropólogos sociales mencionan un fenómeno similar que describen como estatus social "incluido/excluido".

¿Quiénes son los incluidos/excluidos en nuestra comunidad? ¿Cómo podemos cambiar esos roles o eliminarlos totalmente?

En Mateo 28:1-10 y Juan 20:1-18, se nos cuenta el encuentro de María Magdalena con el Cristo resucitado. Lo distintivo del pasaje del evangelio de Juan, es que María está llorando sola. Ella llora porque ve que la piedra ha sido removida de la tumba por alguien. Imagina, si quieres, qué fue lo que Jesús hizo por María Magdalena. Sin importar qué creas que pueda haber sido socialmente inapropiado en María Magdalena; su encuentro con Jesús cambió su estatus social de excluida a incluida. Y ella lo amó incondicionalmente.

En las narraciones del evangelio el llanto de María por Jesús se exhibe plenamente. Ella fue testigo de que Jesús sufrió una muerte cruel, despiadada y agónica. Todo lo que ella puede hacer por el ahora es cuidar de su cuerpo. Imagina su angustia cuando llega a la tumba y ve que ha sido perturbada. Ella busca el consuelo de los otros discípulos. Entonces ¿por qué no se lo dan? ¿Por qué no reconocen Pedro y el otro discípulo su aflicción? ¿Por qué dejan a María llorando fuera de la tumba? De nuevo, María llora sola. Pero es bastante interesante que María pueda ver cosas que los discípulos varones, al parecer, no pudieron: dos ángeles. Y entonces ella ve al Cristo resucitado.

¿Somos culpables de dejar pasar o de no reconocer el dolor de alguien, como los discípulos hicieron con María?

En Jeremías 31:1-6, Dios hace una alianza con el pueblo de Israel por la que pertenecerán siempre a Dios. El Santo consuela a Israel con la promesa de restaurar la suerte de Israel y Judá, y devolverlos a la tierra que una vez poseyeron. Dicha restauración incluirá la construcción de la comunidad (verso 1), reedificación de la ciudad (verso 4) y abundancia agrícola (verso 5). En otras palabras, el pueblo de Israel tendrá siempre estatus de incluido para Dios, igual que María Magdalena tiene un estatus de incluida para Jesús porque ella lo vio vivo antes que ningún otro.

Encontramos reforzada la idea de la promesa de Jesús de contacto y consuelo en Hechos 10:34-43, donde se ilustra el tema de la liberación, cuando Pedro predica su último sermón evangelizador. Pedro comienza proclamando que "En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia" (verso 34 y 35). Respecto al amor y la salvación Dios no practica acepción de raza, género, orientación sexual, profesión ni de ningún estatus. El particular estatus o característica de alguien, dentro de la diversa gama de la propia creación de Dios, no puede impedir a nadie el amor de Cristo. Sin embargo, los interrogantes que nos quedan son "¿qué es lo justo?" y "¿quién es aceptable para Jesucristo?"

¿Qué estamos haciendo en nuestras iglesias para dar a los hermanos y hermanas LGBT un sentido similar de pertenencia y restauración?

Las preguntas a estos interrogantes pueden ser encontradas si buscamos a Dios, particularmente, en nuestros propios lugares privados de confrontación -esos espacios donde nos juzgamos a nosotros mismos pecadores, donde los seres humanos compañeros nuestros comprueban nuestra condición pecadora y, más importante, donde somos confrontados por Dios. En esos lugares donde experimentamos dolor agudo, alienación o vergüenza, Cristo promete salir a nuestro encuentro. Si sacamos provecho de Cristo y de la generosidad de su amor, nos agarramos a la promesa de la advertencia que Pedro expresa cuando nos dice "que todos los que en él [Jesucristo] creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre" (v. 43). Consideradas y experimentadas todas las cosas, es creer en Jesús lo que finalmente importa. Todos lo pasajes de la Pascua para esta semana se hacen eco de la llamada a la pertenencia y a la restauración.

Oración inclusiva

Dios del Resucitado,
perdónanos por las veces en que hemos ignorado
a quienes están heridos entre nosotros.
Perdónanos cuando somos quienes los herimos.
Perdónanos cuando somos los indiferentes entre ellos.
Ayúdanos a ver a quienes no vemos. Ayúdanos a sentir su dolor.
Danos la fuerza para luchar por los derechos de todos
a pertenecer a nuestra comunidad.
Danos la fuerza para gritar y usar nuestra voz
por quienes que entre nosotros no tienen voz.
Que seamos agentes de tu vida resucitada:
buscando oír, ver, sentir e incluir
a aquellos a quienes hemos ignorado.
Que asumamos este día como el comienzo de un nuevo tiempo,
en la vida de esta comunidad.
En el nombre de Jesucristo, nuestra Resurrección y nuestra Paz. Amén.


15.4.11

Domingo de Ramos: agradecimiento inspirador y resistencia

17 de abril de 2011
Domingo de Ramos. Año A.

(El comentario se centra, en esta ocasión, en las lecturas de la celebración de la entrada en Jerusalén.)

Jesús, que pronto será rechazado, se convierte en la fuente de apoyo y liberación para un pueblo que busca resistencia y cambio.

Las dos lecturas de la celebración de las Palmas, Salmo 118:1-2, 19-29 y Mateo 21:1-11, comparten el imaginería de la gran entrada en la ciudad con acción de gracias, cantando y agitando ramas. Una conexión ulterior entre estos dos pasajes se encuentra en la cita del salmo por Mateo: "Bendito el que viene en el nombre del Señor" (Mateo 21:9; Salmo 118:26). Históricamente, este salmo era el último de los salmos Hallel cantados en la festividad judía de la Pascua. El uso de este salmo se hace eco de la celebración de la Pascua, y del recuerdo colectivo de la liberación del pueblo de Dios de la esclavitud y la opresión.

¿Cuáles son algunas de las "celebraciones"  inesperadas en la memoria colectiva de tu congregación y de la comunidad LGBT que ensalzan las acciones liberadoras de Dios?


La extrañeza, sin embargo, de la escena de Mateo en el capítulo 21 no se mitiga por su conexión con el salmo. Vemos a Jesús montando una asna y un pollino con una gran multitud de creyentes gritando: "¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! (verso 10). Sólo unos creyentes podían imaginar y venerar a este hombre humilde sobre dos mansos mamíferos. Sólo unos creyentes podían comportarse con tal patente exuberancia alrededor de semejante gobernante, materialmente empobrecido. Intelectualmente, qué impresión tan irónica e incongruente proporciona esta escena.


Pero estos creyentes, similares a los del salmista del salmo 118, demuestran un conocimiento cierto y eufórico de que su Mesías ha llegado. Ambos pasajes se refieren a la entrada festiva de un gobernante y a la celebración de la bondad del Señor. Se nos deja vislumbrar la naturaleza liberadora de las acciones de alabanza y culto que en esencia son auténticamente una experiencia corporal integral. Es interesante que la propia santidad o su carencia no parece ser un impedimento para la alabanza y la adoración. Los cristianos con frecuencia erramos el tiro cuando pensamos que estar libre de culpa o pecado es el criterio fundamental para relacionarnos con la divinidad.


Nos preguntamos quién en la multitud de Mateo 21 o en los participantes en la liturgia del Salmo 118, era auténticamente justo y manso. Sólo Dios sabe y juzgará algún día con rectitud. El pecado, real o sentido, no afecta la propia capacidad de acercamiento a Dios. En realidad, el pecado proporciona a todos razón de más para buscar el rostro, la gracia y la misericordia de Dios.

¿En qué medida los estereotipos han obstaculizado que tú, la comunidad LGBT y tu propia comunidad de fe busquéis y alabéis a Dios? ¿Cuáles son algunos de los medios constructivos para vencer a esos estigmas negativos?

Finalmente, la comunidad del salmista y la comunidad que rodea a Jesús se congrega en torno a estas entradas con regocijo y acción de gracias. La entrada de Jesús, sin embargo, causa otra reacción: agitación (Mateo 21:10). Literalmente, toda la ciudad de Jerusalén se conmovió. Su reacción pone en marcha los acontecimientos que condujeron a la muerte de Jesús. La entrada de un individuo que representa la resistencia y la liberación inspira naturalmente dos reacciones: la acción de gracias de unos y la agitación de otros.

¿Cómo podemos ser catalizadores de la resistencia y la liberación, y cómo nos preparamos para reacciones tanto de acción de gracias como de agitación?

Oración inclusiva
Acaso la oración y la reflexión más apropiada provenga hoy del pasaje bíblico del libro de los Salmos. Al meditar sobre el Salmo 118, pregúntate: "¿Cómo me anima el movimiento de Jesús hacia la misión y la victoria en mi propia misión de vida?

Salmo 118:1-8, 14-17

1 Dad gracias al Señor, porque él es bueno;
      su gran amor perdura para siempre.

   2 Que proclame el pueblo de Israel:
      «Su gran amor perdura para siempre.»
3 Que proclamen los descendientes de Aarón:
      «Su gran amor perdura para siempre.»
4 Que proclamen los que temen al Señor:
      «Su gran amor perdura para siempre.»
   5 Desde mi angustia clamé al Señor,
      y él respondió dándome libertad.
6 El Señor está conmigo, y no tengo miedo;
      ¿qué me puede hacer un simple mortal?
7 El Señor está conmigo, él es mi ayuda;
      ¡ya veré por los suelos a los que me odian!
   8 Es mejor refugiarse en el Señor
      que confiar en el hombre. 
14 El Señor es mi fuerza y mi canto;
      ¡él es mi salvación!
   15 Gritos de júbilo y victoria
      resuenan en las casas de los justos:
   «¡La diestra del Señor realiza proezas!
16 ¡La diestra del Señor es exaltada!
      ¡La diestra del Señor realiza proezas!»
   17 No he de morir; he de vivir
      para proclamar las maravillas del Señor.

8.4.11

Vida para la vitalidad

10 de abril de 2011
5º Domingo de Cuaresma. Año A.

Ezequiel 37:1-14
Salmo 130
Romanos 8:6-11
Juan 11:1-45

El aliento de Dios vivifica el cuerpo, y el espíritu de Dios mora en el cuerpo. El cuerpo es llamado a la vida y a la vivacidad. El cuerpo es afirmado. Nos atrevemos a rechazar el rechazo del cuerpo y a aceptar la aceptación de Dios.


El tan querido pasaje de los "huesos secos" de Ezequiel 37:1-14 ilustra dramáticamente el tema de los textos de esta semana: el deseo de Dios de que disfrutemos no sólo la vida, sino la vitalidad. Es irónico que éste sea un pasaje de Cuaresma, cuando la Cuaresma es tradicionalmente entendida como un tiempo de disciplinada supresión del goce y la vitalidad. Vamos a entrar en una profunda reflexión sobre los caminos de Dios, vistos más claramente en el gran sacrificio de Jesús en la cruz. Por eso se espera que nos disciplinemos y neguemos el cuerpo para ayudar al crecimiento y desarrollo espiritual.


¿Cómo entiendes típicamente la Cuaresma? ¿Por qué crees que la Cuaresma está usualmente vinculada con prácticas corporales como la dieta, el ayuno y la abstinencia? ¿Cómo podrías acercarte más a Dios durante los días que quedan de Cuaresma celebrando el cuerpo en vez de negándolo?


Ezequiel y Juan 11:1-45 ofrecen una visión diferente. En realidad, el signo de la presencia de Dios y su poder es precisamente la vuelta del cuerpo a la vida. La cultura homofóbica insiste en que las personas LGBT crucifiquen su vitalidad (que vivan célibes) para ser considerados justos en la iglesia. Sin embargo, debemos profetizar la resurrección para todas esas personas. Igual que Ezequiel llama a Israel a que salga de la sepultura del exilio a su vida cultural y vitalidad, así las personas LGBT son invitadas por Dios a salir de la negación y el autodesprecio, de la culpa y de los intentos fallidos al celibato forzoso. Se nos llama a la vida (autenticidad) y a la vitalidad (pasión).


En el evangelio de Juan, la vida la vida llega cuando salimos de la tumba (el armario) y la vitalidad llega cuando nos deshacemos de nuestra mortaja (desatamos el cuerpo). Es interesante que al fina de Ezequiel 37:7-9 los cuerpos descarnados terminan con tendones, carne, piel y ruah (espíritu), pero sin vestido. De forma similar, Lázaro acaba del mismo modo al pedir Jesús que le sea retirada la mortaja (Juan 11:44). La desnudez es celebrada aquí como una llamada de Dios a una nueva vida. Igual que cuando nacemos, nuestros cuerpos son expuestos sin vergüenza.


¿Cómo ha afectado la visión del cuerpo y de la sexualidad de nuestras tradiciones cristianas a la búsqueda de las personas LGBT de vidas ricas, plenas y satisfactorias dentro de la comunidad cristiana?


En este mensaje de vida y vitalidad, hay un sentido de urgencia. Juan nos muestra de forma inequívoca el error de Jesús -pensaba que Lázaro no moriría, así que esperó antes de ir a atenderlo. Sin embargo, Lázaro murió, y María y Marta estaban comprensiblemente decepcionadas porque el amigo especial de Lázaro no hubiera venido cuando lo habían llamado.

¿Quedamos decepcionamos también cuando esperamos pasivos ante las actitudes de condenación, marginación y búsqueda de chivo expiatorio conducentes a la muerte, que a veces se acumulan sobre la personas LGBT? ¿Quién sufre cuando aguardamos a una ocasión oportuna para hablar? ¿O cuando esperamos a un mejor momento para afirmar nuestros derechos a la vida y a la vitalidad? Invocamos el Salmo 130 para justificar nuestra espera. Sin embargo, la espera (qwh en hebreo) del salmista es una espera activa preparatoria -como un corredor de relevos se pone en marcha antes de que se le pase el testigo. No debemos esperar a que Dios llegue, debemos comenzar la carrera antes de que Dios nos pase el testigo.


Algunos utilizan Romanos 8:6-11 para defender la necesidad de suprimir el cuerpo en favor del crecimiento espiritual. Señalan cómo Pablo asume el dualismo de sus oponentes estoicos -carne frente a Espíritu. Sin embargo, a pesar de su machacona insistencia en la muerte del cuerpo, en el análisis final hasta Pablo tiene que transigir: "el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros" (verso 11). En realidad, es para la vitalidad para lo que Dios nos llama de la muerte a la vida. Es nuestro servicio razonable a Dios, aceptar este don de la vitalidad.


¿Qué interrogantes o descubrimientos rondan tu mente tras la lectura de esta reflexión sobre Dios y el cuerpo? ¿Cuál es tu oración?


Oración inclusiva

Dios de nuestros años de fatiga, Dios de nuestras lágrimas silenciosas.
Hemos intentado vivir según se nos ha enseñado,
negando nuestros cuerpos, negando nuestra vitalidad.
Sin embargo, hemos aprendido que éste no es tu camino.
Nos hemos estremecido ante el don de la vitalidad.
Lo hemos gustado y lo hemos rechazado
con arrepentimiento poco sincero y culpa vaga.
Sin embargo, tú vienes en nuestra busca incesantemente con tu abrazo,
con tu aceptación, con tu amor.
Perdónanos por rechazar tu aceptación.
Perdónanos por rechazar nuestros cuerpos.
Ahora aceptamos tu don, tal como somos. 
En el nombre de Jesús, Cristo plenamente encarnado. Amén. 

3.4.11

Ver a Dios

3 de abril de 2011
Domingo 4º de Cuaresma. Año A.


Es verdad. Vemos y experimentamos a Dios a través de nuestros cuerpos. Esa verdad nos trae tanto sanación como desafíos. ¿Cómo escuchamos la comunidad LGBT y nuestros amigos esta noticia?

A las personas LGBT se las ha caricaturizado con frecuencia como excesivamente preocupadas por el cuerpo. Los pasajes de esta semana nos insta a centrarnos en el cuerpo. Por lo tanto, pueden ser particularmente adecuados para ser leídos desde una perspectiva amistosa con las personas LGBT.

¿Cómo podría tratarse la historia de la unción de David por Samuel en 1 Samuel 16:1-13? Vemos al gran "vidente" Samuel, examinando a los hijos de Jesé para discernir a quién ha elegido Dios. Vemos a Samuel admirando la apariencia y la estatura del primer hijo de Jesé,  Eliab, y llegando a la conclusión de que éste era el elegido, sólo para ser corregido con esa frase memorable: "No se trata de lo que el hombre ve; pues el hombre se fija en las apariencias, Yo me fijo en el corazón" (verso 7). Sin embargo, sigue siendo a través del cuerpo como Samuel discierne la elección de Dios. Dios usa el ojo de Samuel para la belleza masculina, para "ver" a quien iba a ser el gran rey de Israel.

Dios usa nuestra capacidad de atracción física, nuestra capacidad de ver y desear, para promover sus propósitos en el mundo. A pesar de la insistencia del escritor de Efesios 5:8-14 en que el cuerpo sexual es odioso para el Espíritu, el cuerpo es afirmado en la historia de la unción del rey David. David no se disculpa por la complacencia de Dios en su aspecto físico. Cuando baila sin sus ropas delante del arca del Señor en 2 Samuel 6, él insiste en que hacía esto por Dios y no por las jóvenes esclavas, como pensaba su esposa (versos 16-20). El sentido a través del cual Samuel conoce al elegido de Dios, es el don de la vista.

¿Has considerado cómo Dios podría usar nuestra capacidad de sentirnos atraídos para su obra? ¿Sabes de algún caso? ¿Qué resulta maravilloso en este descubrimiento? ¿Qué preocupaciones o peligros surgen también cuando nos dejamos llevar por nuestras atracciones?

El énfasis en el don divino de la vista continúa en nuestra conversación sobre Juan 9: 1-41. Devolver la vista es la obra urgente del reino de Dios revelada a través de Jesús -devolver a las personas su plena capacidad sensual, metafóricamente -. La lectura del evangelio de Juan dibuja a Jesús obrando (en Sábado), restaurando la integridad (¿santidad?) a través de la violación de un código de santidad. Y se deja solo al sanado para que defienda su sanación, y a Jesús, el sanador (versos 13-17).

¿No es éste el aprieto en el que se ven algunas personas LGBT y otras personas oprimidas? Dios nos restaura la plena sensualidad y la plena apreciación de nuestra corporalidad como personas provistas de raza, género y sexualidad; pero se nos deja solos en la comunidad para defender nuestra sanación, y a aquellos que nos ayudan en nuestra curación. Algunos, seguramente, puede que sigan insistiendo en que Dios no sana a las personas LGBT para que asuman su sexualidad. Esos ministros que apoyan la plena condición de persona de las personas LGBT, seguramente están rompiendo la ley de Dios -también Jesús fue acusado de hacerlo (verso 16). Estas personas esperan que seamos sanados para librarnos de la apreciación y la celebración de nuestra sexualidad, nuestra raza o nuestro género.

¿Qué experiencias has tenido en las que has conocido que Dios te había liberado, pero otros cuestionaban tu autenticidad? ¿O de que quienes esperabas que te apoyaran no lo hicieron? ¿Cómo te afectó esto?

Sin embargo, Juan insiste en que algunos que se creen dotados de visión, realmente no pueden ver. Y aquellos a quienes se les considera como ciegos, están de hecho en plena posesión de sus capacidades sensuales. ¿No es responsabilidad de la comunidad amada apoyar la plena expresión de nuestra humanidad? ¿No es la oportunidad de la comunidad amada para defender y estar junto a quienes llegan a la plena humanidad saliendo del armario, proclamando su sanación?

Sin embargo, debemos insistir en que la ceguera no es sólo una metáfora, no se trata de estigmatizar a los ciegos como seres humanos incompletos. En realidad, quienes están físicamente ciegos pueden también participar de su plena humanidad. Creer en Jesús implica experimentar la obra de Jesús en la propia vida, siendo devueltos a la plena humanidad y a la plena comunidad. La obra de Jesús, el reino de Dios, sólo puede ser experimentada en y a través de la carne. Las personas LGBT y otras personas oprimidas no necesitan disculparse por asumir su carne, pues como Samuel, Juan y el salmista insisten (véase el salmo 23: recostados en verdes praderas, siendo conducidos hacia aguas tranquilas, siendo consolados por la vara y el cayado de Dios), es a través como experimentamos la presencia y la unción de Dios.

¿Cómo te afecta el énfasis puesto en que a Dios se le experimenta a través de la carne y obra a través de ella? ¿Cómo es buena noticia? ¿Qué te dice Dios a través de este énfasis?

Oración inclusiva

Dios que celebras nuestros cuerpos y nuestra liberación de la opresión,
ayúdanos a acercarnos y apoyar
a quienes están en proceso de salir del armario y de ser sanados,
a quienes están llegando a la conciencia de los dones
de tu presencia en nuestros propios cuerpos.
Ayúdanos a darnos cuenta de que, como defensores tuyos,
con frecuencia hacemos el mal
y acabamos por oprimir a quienes tú has liberado.
Perdónanos por estos maltratos
y ayúdanos a aceptarnos a nosotros mismos
como tú nos has aceptado y liberado.
Amén.