29.10.10

Una visión de la justicia

31 de octubre de 2010
Domingo 31º de Tiempo Ordinario

Se nos recuerda que desear o aspirar a la justicia, no siempre conviene o conduce al statu quo. Comprometiéndonos con un Dios justo y eligiendo no ser convencionales en el presente podemos , sin embargo, avanzar más y más hacia un futuro justo.

Lucas 19: 1-10 es la ampliamente conocida historia de Zaqueo, el recaudador de impuestos. Por su popularidad, con frecuencia vemos esta historia como curiosa, antes que como controvertida. Sin embargo, hay bastantes incidentes inusuales. El primero es el comportamiento de Zaqueo. Se nos dice en el relato que es un "jefe de recaudadores de impuestos y ... rico" (Lucas 19: 2).

Normalmente, una persona del estatus de Zaqueo no corretearía alrededor, trepando a los árboles, para ver a nadie. En el curso normal de los acontecimientos, habría mandado llamar a Jesús a su casa. Que este hombre rico se salga de las estructuras sociales de su tiempo para ver a Jesús, dice algo de su carácter. Desea ver a Jesús y su estatura le obliga a adelantarse corriendo a la multitud y subirse a un árbol (19: 4). Esta inversión de las relaciones de poder normales, pone de relieve un tema que encontramos a lo largo de Lucas: los que están en el poder deben renunciar a sus modos y maneras si desean ser parte del Reino de Dios.

¿Cuáles son los rasgos del carácter de Zaqueo en los que podrías insistir, para aumentarlos o reforzarlos en tu propia vida?

Una transformación así es la que se resalta en Isaías 1: 10-18. El profeta dice que a Dios no le agradan las asambleas solemnes cuando no hay justicia en el país (1: 13). Isaías invoca también las historias de Sodoma y Gomorra del Génesis. Aquí Isaías deja claro que lo que destruyó a Sodoma y Gomorra no fue el homosexualidad. Lo que destruyó a estas dos ciudades fue su falta de preocupación por el oprimido, el huérfano y la viuda (1: 17). El verdadero sodomita es el que no practica la justicia.

La segunda cosa inusual en el relato de Lucas es la polémica que estalla sobre la visita de Jesús a la casa de Zaqueo y su resultado (Lucas 19: 7-10). Zaqueo es un pecador. ¿Por qué? Porque su oficio requiere que se relacione habitualmente con no judíos. En otras palabras, es ritualmente impuro. El recaudador de impuestos responde a esta crítica entregando la mitad de sus posesiones a los pobres. Jesús entonces declara que "la salvación ha llegado  esta casa" (19: 9). Zaqueo hace lo que manda el pasaje de Isaías. Es interesante, no obstante, porque anteriormente Jesús ha dicho: "Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que tiene no puede ser mi discípulo" (14: 33). Esta discrepancia entre lo que se dice y lo que realmente se hace, recorre todo el evangelio de Lucas.

Aunque no podemos resolver esta tensión en la narración, puede ayudar a explicarla lo que encontramos en Habacuc 1: 1-4 y 2: 1-4. Este profeta se sitúa en el centro de una comunidad de injusticia (1: 1-4). La respuesta de Dios a este problema, es ofrecer al profeta una visión de una sociedad justa de manera que las personas tengan una manera de medirse a sí mismas (2: 2-3). Como dice el profeta, "Tú espera, aunque parezca tardar, pues llegará en el momento preciso" (2: 3).

¿Cuál es tu visión personal de una sociedad justa? ¿Cuál es la visión de justicia de tu comunidad? ¿Son iguales?

Las personas LGTB son frecuentemente apartadas como intrusas en sus propias comunidades. Como sucede con Zaqueo, lo que podemos ofrecer es pasado por alto o rechazado a causa de nuestro estatus. Si embargo, como Zaqueo, no debemos tener miedo de seguir a Jesús fuera de las estructuras sociales y asambleas tradicionales. Aunque puede que no siempre tengamos el poder y la influencia que Zaqueo ejercía, podemos duplicar su determinación de ver y oír de Dios, a través de nuestro deseo de proyectarnos más allá de las expectativas de los demás. Podemos buscar alianzas y asociaciones que promuevan la justicia y estén preocupadas por lo que el texto de Isaías enfatiza como importante: cuidar del oprimido, del huérfano y de la viuda.

Nombra algunas de las formas en las que tú y tu comunidad habéis estado orientados a la justicia y nombra algunas de las maneras en que no lo habéis hecho así.

A pesar de las actuales circunstancias de odio, rechazo y degradación, la comunidad LGTB y todos lo grupos que son perseguidos a causa de su color, sexo, estatus social y clase pueden elegir fomentar una visión de vida y justicia. Como Zaqueo, debemos decidir que no nos puede importar por más tiempo lo que la gente piense y elegir seguir a nuestro justo Dios de todas todas. Como el profeta Isaías, podemos buscar la visión de la justicia y la igualdad, y promoverla y procurarla diligentemente. Aunque puede que no siempre cumplamos nuestro objetivo de eliminar la discriminación y la desigualdad, a través de nuestra determinación y fe en lo que es justo, podemos hacer brillar una luz sobre los males del mundo. Podemos ser un faro de esperanza hacia un futuro más justo.

Oración inclusiva

Oh Dios, justo y fiel,
te agradecemos la oportunidad de vivir
como una visión de justicia y esperanza.
Permite que nuestro compromiso con lo que es justo
anime a otros a hacer lo mismo.
Danos la fuerza para salirnos de las normas
que hacen daño, degradan y oprimen,
y llévanos a descubrir formas frescas y fieles
de estar en el mundo.
Ayúdanos a ser dadores de vida y no tomadores de vida.
Ayúdanos a construir esperanza y propósito donde no los hay,
y a permanecer conscientes de que,
sin que importe nuestro estatus y nuestras circunstancias,
podemos ser catalizadores de cambio en este mundo.
Amén.


23.10.10

¡Soy mejor que tú!

24 de octubre de 2010
Domingo 30º de Tiempo Ordinario. Año C.

Muchas personas confunden el estatus social con la bendición -o la carencia de ella-, como un indicador de la relación personal con Dios. La verdad es, sin embargo, que no hay favoritos cuando se trata de la iniciativa y la justicia divina. Todas las personas, sin tener en cuenta el estatus o  la clase social, son parte del pueblo de Dios.

La lectura del evangelio de hoy parece fácil de entender a primera vista. La parábola del fariseo y del recaudador de impuestos en Lucas 18: 9-14, es una de las favoritas para aquellos que quieren reprender a otros su pretensión de superioridad moral. Sin embargo, esta parábola trata de algo más que de quién debería ser humillado y quién debería ser exaltado. Incrustada en esta historia está la enseñanza, frecuentemente pasada por alto, de cómo estar en una relación auténtica con Dios.

El fariseo descrito en la parábola no podía ser más diferente del recaudador de impuestos. Es un individuo profundamente religioso, que se ha comprometido con las prácticas de su fe. Debemos tener en cuenta aquí que el judaísmo, a diferencia de algunas comprensiones del cristianismo, es una religión de observancia amorosa. Cumpliendo prácticas específicas, uno expresa la intención de su corazón y su fidelidad. En el judaísmo, tres prácticas eran (y son) consideradas de importancia central: ayuno, limosna y oración. Por esto es por lo que el fariseo pone tanto énfasis en ellas: "Ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todos mis ingresos" (Lucas 18: 12). Nótese que habla de ayuno y de limosna mientras está orando. Para él tiene sentido, puesto que hace lo que se espera de una existencia fiel, considerarse a sí mismo justo o justificado.

¿Cuál es la función de la Biblia en tu vida? ¿Es una historia de nuestra fe, una guía de cómo vivir y amar, o significa alguna otra cosa para ti?

La idea de justicia en el Nuevo Testamento, señala a la relación entre el individuo y Dios. Cuando una persona es designada como justa, significa que mantiene una correcta relación con Dios. La manera de entender esta relación tiene diferentes variantes en el Nuevo Testamento, pero en cualquier caso, los autores sostienen que Dios inicia esta relación. Lo mismo vale para el judaísmo. Las prácticas descritas en este pasaje, pues, son respuestas a la gracia de Dios, no un prerrequisito para la misma. En este caso, el fariseo era justo -estaba en una relación correcta con Dios- antes de practicar ninguna de las acciones descritas arriba.

¿Cómo podemos responder a la gracia de Dios con agradecimiento y no con codicia, es decir, con la esperanza de ser exaltado o de obtener algo a cambio?

El problema de la oración del fariseo aparece en 18: 11: "Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás: ladrones, malvados y adúlteros. Ni tampoco soy como ese cobrador de impuestos". Esta oración suena similar a otras encontradas en la literatura rabínica. No deberíamos pensar, sin embargo, que los judíos creen que son superiores a cualquier otro. Agradecer a Dios una posición social favorable, no implica necesariamente un sentido de superioridad sobre los demás, refiriéndose a ellos con desprecio (18: 9). Realmente, los judíos creen que las circunstancias favorables proporcionan al individuo una oportunidad de asistir a quienes son menos afortunados -bendecidos para ser bendición. El fariseo confunde en este pasaje sus circunstancias con un sistema de castas divinamente ordenado. En su mente, la gente devota como él mismo son parte de la "camarilla" de Dios, mientras que todos los demás son excluidos. En otras palabras, el sorprendente asunto que encontramos en esta parábola es la inclusión. Nótese que el fariseo se pone aparte cuando ora (Lucas 18: 11). Se separa físicamente de los demás porque se cree mejor que ellos. ¿Cuántas veces, las personas LGTB han tenido que lidiar con este exclusivismo santurrón de otros creyentes? Los ecos de dicha exclusión se pueden oír también en el discurso de despedida de Pablo en 2 Timoteo 4: 6-8, 16-18. Sin embargo, podemos estar un poco más en sintonía con Pablo cuando relata sus propias experiencias de dificultad, rechazo y oposición. Sin embargo, no olvidemos que hasta Pablo en el libro de los Hechos se identifica a sí mismo como fariseo e hijo de fariseos (Hechos 23: 6) cuando se enfrenta a sus oponentes, a las autoridades religiosas y a otros fariseos.

En 2 Timoteo, Pablo señala que la "corona de justicia" está reservada para él porque ha peleado la buena batalla. Es fácil señalar con el dedo al que se eleva a sí mismo como "mejor que otros" por haberse esforzado en "buenas prácticas". ¿Qué hay de aquellos que piensan que al final merecen una recompensa, o al menos un reconocimiento divino, por tanto tiempo de sufrimiento y de exclusión? ¿Son más o menos merecedores del favor de Dios a causa de sus actos? Estos textos invitan a lector a mirar más allá del sistema simplista del santo debe/haber, y examina realmente lo que significa la justicia, como una medida de cómo estamos en una relación auténtica con Dios.

¿Qué significa la justicia para ti y para tu comunidad y cómo esta comprensión afecta a otros que no son parte de tu grupo o que no están vinculados directamente al mismo? ¿Cómo expresan quienes están fuera de tu propia comunidad fidelidad a Dios y justicia?

El mensaje esquivo de la parábola de hoy, es que todos nosotros somos parte del grupo de Dios. En tanto que unos necesitan ser humillados y otros enaltecidos, nadie está excluido. Joel 2: 23-32 reconoce explícitamente la justicia como una iniciativa divina que está a disposición de los seres humanos, sin importar su clase, etnia, sexo, orientación sexual, o estatus. En Joel, Dios promete no permitir que el pueblo sea jamás avergonzado e incluye a todo "ser humano" en la comunidad de Dios (Joel 2: 28-29).

Oración inclusiva

Oh, Dios, defensor nuestro,
ábrenos al movimiento de tu Espíritu.
Permítenos vernos a nosotros mismos
y a los que son diferentes de nosotros
como parte de ti y de tu pueblo.
Ayúdanos a crecer en el conocimiento
y la conciencia de tu invitación
a vivir en comunidad contigo
y ayúdanos a desechar el prejuicio, el miedo, el rechazo y el dolor
que nos separa de tu amor sin condiciones y sin límites.
Oh, Dios, escucha nuestra oración.
Amén.

17.10.10

Amar de nuevo la ley

17 octubre de 2010
Domingo 29º de Tiempo Ordinario. Año C.

Con frecuencia pensamos en la ley como en algo rígido y externo –algo que la gente “mala“ rompe y que la gente “buena” cumple. Estos pasajes nos invitan a un cambio de una perspectiva externa de la ley a una perspectiva interna. Está escrita en nuestros corazones, alentada por Dios, y nos transforma para trabajar por la justicia.

El libro de Jeremías trata de la catástrofe y la supervivencia, de la destrucción y la reconstrucción, de la pena profunda  y el gozo. La profecía de Jeremías es una exteriorización reflexiva de tiempo realmente difíciles; tiempos no diferentes a los nuestros. El propósito de la profecía de Jeremías es ayudar al pueblo a darle un sentido a su tragedia, a recobrar su identidad y a movilizarlos hacia el futuro.

En Jeremías 31: 27-34, vemos un cambio ideológico y teológico en la comprensión de qué significa estar en relación con lo divino. En el anterior pacto de Dios con  el pueblo de Israel, la ley era una experiencia externa. Las palabras de la ley de Dios escritas una vez sobre tablas de piedra, necesitaban pasarse de una generación a la siguiente a través de la enseñanza y de una instrucción rigurosa. En este texto, Jeremías está profetizando un nuevo futuro en que “todas” las personas puedan vivir en una indestructible relación de pacto con Dios. Dios ha hecho posible esta nueva relación al transformar la experiencia religiosa de la ley de Dios, de una cuestión externa a una interna. Dios cuenta a Jeremías: “Pondré mi ley en su corazón y la escribiré en su mente. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (Jeremías 31: 33). El tema fundamental del texto es que todo Israel  vivirá en una restaurada relación de pacto con Dios. Y esa restauración incluirá a cada uno, “desde el más grande hasta el más pequeño”.

Tanto el Salmo 119: 97-104 como Jeremías 31: 27-34, hablan de la experiencia de relacionarse con Dios de una nueva forma. Los israelitas eran un pueblo exiliado y oprimido al que, en estos textos, se le promete el don de la esperanza. A las personas LGBT se les ofrece la misma esperanza. Dios es nuestro Dios, y nosotros somos el pueblo de Dios, y la proclamación de este nuevo pacto ha sido sellada en nuestros corazones a través de la transformación interna de la ley divina. ¡Hemos sido proclamados y marcados como hijos e hijas de Dios, y esta proclamación no podrá ser desecha nunca!

¿Cómo vives siendo reclamado por Dios y conociendo que la ley de Dios ha sido escrita en tu corazón? ¿De qué maneras te está llamando Dios a ser profeta de esperanza en medio de las tensiones políticas y religiosas de nuestro tiempo?

2 Timoteo 3: 14-4: 5 es uno de esos “escollos” –un pasaje que algunas veces se arroja a las personas LGBT porque entendemos las escrituras de modo distinto a aquellos que las perciben literalmente o a aquellos que rechazan estar abiertos a la obra de Dios a través de las personas LGBT. El artículo on-line de la Human Rights Campaign, The Bible and Homosexuality, muestra cuántas personas LGBT afrontan pasajes de la Biblia usados frecuentemente contra las personas LGBT. Para muchos, dicha perspectiva positiva LGBT no es consistente con una interpretación fiel de la Escritura.

Sin embargo, en el transcurso de nuestra conversación en común nos dimos cuenta de que, de hecho, esa Escritura es nuestra Escritura. Las personas LGBT no se excluyen de afirmar esta enseñanza bíblica de que “Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud” (verso 16). No nos excluimos, porque esta afirmación no significa que creamos que debamos “hacer” robóticamente todo lo que se puede leer en la Escritura.

Antes bien, a veces la Escritura es útil para enseñarnos precisamente que no hacer, y expresa maneras de relacionarnos unos con otros que Dios no nos haría seguir. Por ejemplo, considera “textos de terror”, historias de desolación, violencia y profundo dolor, como los que se encuentran en Génesis 16: 1-6; 21: 9-21; Jueces 11: 29-40; Jueces 19: 1-30; 2 Samuel 13: 1-22. (Para más información sobre textos de terror desde una perspectiva LGBT, ver el artículo de Michael Mazza Texts of Terror, Texts of Hope). La utilidad de la Escritura, en otras palabras, no está confinada a una sola interpretación, pero requiere una búsqueda orante, honesta y apasionada del camino de Dios en pasajes que son algunas veces contradictorios, complejos y hasta opresivos.

Muchas personas LGBT y muchos amigos suyos se han llegado a acostumbrar a que la Escritura se use contra nosotros como una herramienta de exclusión. Con demasiada frecuencia, la cultura dominante trata ser cristiano y ser gay como opciones excluyentes. ¿No podrían constituir actitudes como ésta, manifestaciones contemporáneas de los “mitos” sobre los que Pablo advierte a Timoteo? Contra aquellos quienes perseguían a la iglesia temprana por su “transgresión” de la ley judía, Pablo exhorta a Timoteo a continuar en la fe, incluso –si no especialmente- cuando la Escritura está siendo utilizada en su contra. Las personas LGBT y sus amigos, encontramos aquí la confirmación de que nuestra resistencia tenaz y nuestra terca insistencia en que la Biblia, seguramente, debe ser también para (y no estar en contra de) nosotros, se convierte, a la vez, en un conocimiento dado por Dios ¡y en una oportunidad para el ministerio!

¿Qué clase de autoridad tiene para ti la Escritura? ¿Cómo ha sido usada la Escritura como “terror” y cómo podría también, incluso en esos mismos textos, ser transformadora en tu comunidad?

La parábola de Lucas 18: 1-8 proporciona un equilibrio al Salmo 119 que habla de amar y meditar la ley de Dios. Lucas nos pide amar la ley a través de la continua demanda de justicia, incluso cuando parece sin esperanza. Jesús cuenta la historia de una viuda que sigue insistiendo en demandar justicia un juez poderoso. El juez “ni temía a Dios ni tenía respeto por las personas” (verso 2), y sin embargo aún responde al llanto persistente de la viuda. Su respuesta se caracteriza por su propio egoísmo. Hace justicia a la viuda para que ella lo deje en paz. Sin embargo, sus acciones son un ejemplo de cómo Dios usa incluso a personas poderosas corruptas para hacer sus buena obra. La historia proporciona aliento a las personas de fe que trabajan sin descanso por la paz y la justicia para todos.

Si un juez injusto oye el llanto del oprimido, ¿cuánto más Dios hará justicia a su amado pueblo cuando pide a gritos? Esto es alentador para la comunidad LGBT y para sus amigos, que piden a gritos a las instituciones poderosas tales como nuestros lugares de trabajo, nuestras iglesias, y nuestros gobiernos locales y nacionales. Dios responderá a su pueblo en el sufrimiento y el pesar, y Dios usará a todos para hacer su obra de justicia. Pero Jesús nos recuerda que hemos de orar, y llamar a gritos a Dios también. No deberíamos tener miedo de invocar persistentemente a Dios, de dar voz a nuestro dolor y frustración, incluso cuando continuamos dando testimonio del Reino de Dios en la tierra.

¿Cuál es el lamento que Dios necesita oír de ti? ¿Cuál podría ser ese lugar inesperado donde ves que Dios está trabajando por la justicia en el mundo?

Oración inclusiva

Dios,
incluso mientras la Escritura se usa como arma contra nosotros,
ilumínanos con tu Palabra de Espíritu y Verdad.
Ayúdanos a encontrar tu Espíritu obrando
en  los pasajes más difíciles.
Transfórmanos y pon tu sello sobre nuestros corazones
y haz que usemos tu ley por amor.
Pertrecha nuestras mentes, nuestros cuerpos y nuestros corazones
para trabajar a favor de tu santo reino
de justicia, de amor y de paz.
Amén.

7.10.10

Prosperando en los márgenes

10 de octubre de 2010
Domingo 28º de Tiempo Ordinario. Año C.

Dios crea un hogar en medio del exilio y nos desafía a acoger a aquellos se ven abocados al exilio.
 
En Jeremías 29, el profeta se dirige a la comunidad judía en el exilio tras la primera caída de Jerusalén en el 597 a.C. Las palabras de Jeremías no ofrecen necesariamente la esperanza de que el exilio acabe en una liberación futura, sino que más bien los anima a vivir plenamente en la situación presente. La imagen del ‘exilio' puede no encajar plenamente en la experiencia de muchas personas LGTB (o en la de supervivientes de abusos, de aquellos que crecieron en familias desestructuradas o de los niños de la guerra), quienes nunca han tenido la experiencia de un hogar seguro del que ser exiliado. Sin embargo, ‘exilio' habla de un profundo anhelo de un seguro y salvo ‘lugar semejante al hogar'. El desafío que Jeremías pone ante nosotros es el de procurar una existencia fructífera mientras que la vida, con toda su complejidad y tragedia, siga su curso. Lejos de llamar a los exiliados babilonios a acomodarse a la situación, los desafía a involucrase con la comunidad en la que se encuentran. El lugar donde ‘no obstante, todo va a ir bien' puede no ser donde podríamos esperar.
 
A pesar del rechazo de las personas LGTB por parte de gran parte de la iglesia, ¿dónde has encontrado una comunidad segura de fe donde ‘todo va bien'? O ¿cómo podrías ayudar a crear ese espacio semejante-a-un-hogar?
 
Tanto la historia de la curación del leproso en Lucas 17 como la narración de la curación de Naamán en 2 Reyes 5 hablan a los que padecen un doble estigma. Desde el punto de vista de los israelitas, que Naamán fuera un extranjero ya era bastante malo; pero estar afligido por la lepra lo incapacitaba doblemente para la comunidad. El leproso que regresó adonde Jesús, no era sólo un leproso, sino además un samaritano, lo que lo situaba en una posición vulnerable, incluso entre la comunidad de leprosos exiliados. A pesar de los múltiples obstáculos humanos, Dios trae sanación y restauración.
 
Podría ser fácil para los lectores LGBT identificarse a sí mismos como los ‘héroes' de esta historia, como personas que han sufrido opresiones varias y han recibido sanaciones misericordiosas. Pero debemos situarnos de manera que el texto nos dirija tanto retos como consuelos. Las comunidades se definen con frecuencia en términos de quiénes ‘no' son; incluso las comunidades oprimidas establecen tales fronteras para sí mismas. Las comunidades LGTB no son diferentes. ¿Quién no se ha burlado por lo bajo ante sus amigos de alguien que vestía de modo diferente (‘el reto de ir a la moda'), no ha planteado agudas distinciones basadas en la educación (‘paleto' o ‘esnob'), o no ha prescindido de alguien cuyo amaneramiento no nos gustaba (‘demasiado femenino' ... ‘demasiado marimacho')? ¡Por no mencionar los prejuicios obvios de etnia, edad, salud o género!
 
¿Quién podría sentirse no acogido en nuestra comunidad? ¿A quién condenaríamos al ‘exilio'?
 
En estos pasajes, la voz de Dios viene de personas insospechadas. Naamán escucha primero a una chica esclava, y después sigue el consejo de sus criados. Jeremías se encuentra en conflicto con otros profetas que predicen un exilio corto y una inminente liberación divina para su pueblo, por lo que su voz solitaria parece traicionar a su propio país. Un leproso samaritano muestra una fe salvífica. El apóstol Pablo está en prisión, sin embargo su evangelio se predica ‘sin cadenas'.
 
¿Es Dios tan desconcertante como para que su palabra nos llegue precisamente a través de las personas a las que tendemos a exiliar?
 
Cada una de estas historias ocurre en un lugar ‘intermedio' para los protagonistas. Jesús se encuentra a los leprosos en los límites de Galilea y Samaria. Jeremías escribe desde una Jerusalén por el momento no destruida a los exiliados de Babilonia. A Naamán se le pide que de bañe en el Jordán exterior -y fangoso. Pablo está encadenado "como un criminal". En estos lugares fronterizos, el pueblo queda liberado de sus convenciones habituales para recibir la fidelidad de Dios de forma inesperada y extravagante. ¡Incluso los nueve leprosos que no volvieron a Jesús fueron curados!
 
Trabajar con este tema del ‘lugar intermedio' puede ayudarnos a solucionar las tensiones inherentes en lo últimos versos del himno citado en 2 Timoteo. La posibilidad de negar a Cristo y de ser negado por él podría aterrorizar a una conciencia sensible. ¿Quién es siempre fiel? Vivimos entre la fidelidad y la infidelidad. Este extremo atemorizador tiene su contrapeso en la promesa de que "si no somos fieles, Cristo sigue siendo fiel".
 
Cristo reconecta a los exiliados con la comunidad de vida. Jesús envía a los leprosos a "presentarse ante los sacerdotes" (Lucas 17: 14), para certificar su sanación y restauración a la comunidad. (Presumiblemente los leprosos judíos a una sacerdote judío y el leproso samaritano a un sacerdote samaritano). No deseamos forzar la necesidad de una verificación sacerdotal de la aceptabilidad de un persona para la comunidad. Sin embargo, si el sacerdote es visto como un portavoz de la comunidad que acoge (más que como un guardián), el mandato de Jesús encaja.
 
Hay momentos en los que una comunidad que acoge debería hacer pública su acogida, para contrarrestar los residuos de la condenación que los excluidos pueden haber sufrido. Las celebraciones públicas como las fiestas del orgullo, las bendiciones de pareja y matrimonios, las salidas del armario o la redefinición de las ceremonias, proporcionan oportunidades para que las comunidades hagan explícita su acogida.
 
Cuando nuestra comunidad pone en práctica toda su capacidad de acogida, ¿cómo devolvemos la integridad a los que han sido exiliados y excluidos?
 
Oración inclusiva
 
Creador nuestro trascendente,
que, sin embargo, habitas con entre nosotros.
Te alabamos.
Te pedimos por la tierra de promisión
-que nunca hemos conocido plenamente-
mientras que trabajamos para ser tu acogida en el mundo.
Concédenos hoy vida abundante.
Perdónanos por las veces en que hemos exiliado a otros,
como oramos por la paz
para perdona a los que nos exilian.
¡Aleja de nosotros la necesidad de levantar fronteras,
y haznos gustar de la diversidad de la vida!
Porque tú eres quien cuida de la comunidad,
quien responde a nuestros más profundos anhelos,
y quien nos proporciona un hogar eterno.
Amén. 


3.10.10

Cuando lo ordinario es suficiente

3 de octubre de 2010
Domingo 27º de Tiempo Ordinario. Año C.

¿Qué espera Dios de nosotros en tiempos difíciles? ¿Qué es suficiente?

El libro de las Lamentaciones trae directamente ante nuestros ojos la devastación y la desolación de Jerusalén. El libro da voz a la nostalgia y la profunda pena del pueblo de Dios. Son personas en el exilio de Babilonia, lejos de su amada Jerusalén. El pueblo de Dios es como una viuda que "llora amargamente de noche con lágrimas en sus mejillas". Ella "no tiene quien la consuele" (Lamentaciones 1: 2). ¿Cuántas personas LGTB se hacen eco del sentir de este lamento?

Algunas veces, cuando admitimos nuestro verdadero yo a las personas a las que consideramos nuestra familia y amigos, nos encontramos con que nuestra vieja forma de estar en el mundo -nuestras relaciones con los otros y nuestros sueños de futuro- parecen destrozados. Muchos de nosotros nos encontramos exiliados de nuestro hogar. La verdad sobre nuestras vidas, a veces, resulta ser más de lo que los otros pueden soportar. Es mucho lo que perdemos. Durante ese tiempo, llegamos a encontrarnos solos y abandonados; somos excluidos, lloramos amargamente, somos traicionados, estamos angustiados y afligidos, y no hay nadie que nos consuele. ¿Cómo encuentran las personas esperanza en medio de semejante pérdida?

¿ Qué clase de devastación y desolación han experimentado las personas LGTB a lo largo de su historia? ¿Cuándo y dónde hemos encontrado esperanza?

Lamentaciones también promete liberación -el eterno amor de Dios nunca cesa; la misericordia de Dios nunca se acaba, cada mañana se renueva su fidelidad (Lamentaciones 3: 22). La promesa es: "El Señor es bueno con los que en él confían, con los que a él recurren" (verso 25). Quienes vemos destellos de esperanza en nuestra vidas y somos capaces de esperar en Dios, somos capaces de habitar en la seguridad de que la fidelidad de Dios es grande. La devastación y la desolación no duran por siempre, especialmente si somos capaces de borrar el sentimiento de indignidad y minusvalía que la sociedad ha grabado en nosotros y creemos verdaderamente en el amor de Dios. Cuando somos capaces de esperar pacientemente en medio de las lágrimas y de la ansiedad, y de encontrar personas y comunidades que afirman positivamente nuestras vidas y amores, entonces conocemos de verdad que Dios es nuestro lote. Dios es bueno con nosotros, y el amor y la misericordia de Dios no tienen fin. El don de ver más allá del presente, con la desorientación y pérdida que supone, puede no parecer un logro maravilloso. Sin embargo, frente al duelo real, esta fe resulta suficiente.

El Salmo 137 da voz a un lamento a gritos, acompañado del típico deseo de venganza. Describe las burlas de los captores de Israel, junto con la muy real desesperación que dicha humillación provoca. Este salmo tiene a veces mala reputación, pues se imagina a niños estrellados contra el muro. Sin embargo, el salmo ofrece una de esas raras expresiones bíblicas de frustración y dolor sincero. El salmista se agarra con fiereza los recuerdos de Sión y quizá a la esperanza de su restauración. Quizá, dadas las circunstancias del salmista, este recuerdo sincero es suficiente.

La lectura de 2 Timoteo nos anima de igual modo a esperar en Dios, a ser pacientes en los tiempos difíciles y en los pesares. Realmente, no tenemos por qué desesperar, incluso cuando la vida se endurece, porque Dios nos ha dado poder, amor y buen juicio. Dios nos llama a la santidad, de acuerdo con sus propósitos y su gracia. ¿Es posible considerar nuestra orientación sexual como una parte de los planes de Dios y como gracia para nuestras vidas? No debemos avergonzarnos, especialmente los que somos personas LGTB que amamos a los de nuestro mismo sexo; porque sólo necesitamos conocer y amar a aquél que nos da poder y amor, y depositar nuestra confianza en el Santo. Ésta es la buena noticia que podemos compartir con el mundo, como Pablo se sintió compelido a hacer.

¿Cómo te ha guiado Dios a lo largo del tiempo en tu comprensión de tu propia sexualidad? ¿Cómo podría el ‘esperar en Dios' conectarse con llegar a comprender la sexualidad como parte de los planes de Dios y como gracia en tu vida?

Lucas 17: 5-10 combina dos dichos que son bastante raros por sí mismos, y desconcertantes cuando se ponen juntos. Primero, Jesús fomenta en los discípulos la idea de que incluso una fe minúscula puede hacer grandes cosas. Entonces, Jesús les dice que -como los esclavos- no deben esperar alabanza por los actos ordinarios de fidelidad. ¿Qué sostienen estos dichos juntos? ¿Podría ser simplemente que las muestras ordinarias de fidelidad son suficiente a los ojos de Dios?

¿Cómo caracterizarías tu fe -una fe grande o una fe pequeña? ¿Cómo describirías la fe de tu congregación? ¿De qué maneras grandes o pequeñas, estás llamado a expresar tu fe?

Oración inclusiva

Maravilloso Dios,
que podamos conocerte como aquél que nos ama,
aquél que es bueno con nosotros,
aquél cuya misericordia nunca se acaba,
y como aquél que nos ofrece esperanza.
Incluso en medio de la devastación y la desolación de hoy,
nos llamas a la santidad, a la gracia y a la confianza.
En nuestra angustia y aflicción,
llena nuestras vidas con poder y fuerza-
con la clase de fuerza que sólo tú puedes dar.
No permitas que nos avergoncemos de invocarte,
y capacítanos para compartir la buena noticia
de cuán positivamente afirmas nuestras vidas
y cuán grandemente nos amas,
con todos aquellos con quienes nos encontremos.
Amén.